No es cuestión de Visa

Noviembre 30, 2010 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

De nuevo en Ecuador. Quito. Su cielo azul intenso que hoy volvió a brillar después de un invierno que lo tenía envuelto en una niebla gris y helada. Los nevados volvieron a asomarse erguidos encima de las nubes. Quito, “la carita de Dios”, como le dicen sus habitantes, mezcla colorida de etnias y costumbres. Quito, la ciudad más española de América. La ciudad que se funde en flamencos y zapateos, guitarras desgarradas y palmas durante sus fiestas. Quito, las más auténtica en sus orígenes indígenas. Otavalos, salasacas, cayambíes, quitus también celebran al son del ‘Chullita quiteño’ estos días, con sus platos preferidos, llapincachos, hornados, humitas, canguil, cebiches y locros. Las flautas andinas se abrazan con las guitarras, los sombreros de paja toquilla se codean con los cordobeses de ala ancha. Quito se funde en un abrazo durante una semana. La ciudad recibe serenatas, por sus calles coloniales se pasean las carrozas. Los parques se llenas de toldos de artesanías y manjares. Sin embargo, Quito y Guayaquil, su puerto más importante, ejemplo de desarrollo y empuje, ya no se sienten con la misma seguridad de años anteriores. La cultura del narcotráfico parece querer asentarse en este rincón del mundo. El sicariato cobra ya víctimas. Se observan ‘narco casas’ como las que abundan en el sur de Cali, camionetas blindadas de aspecto amenazador. Balas perdidas cobran la vida de niños y jóvenes. Amenazas de secuestros y represalias. Parece que la sombra siniestra de esos colombianos que enturbian todo lo que tocan y lo manchan de sangre y zozobra, al verse acorralados, cada vez más, en nuestro país, está dirigiendo sus timoneles a Ecuador. Lo mismo los narcoguerrilleros. Dios no permita que este pais-boutique, espléndido, tranquilo, de una belleza natural alucinante y habitado por diversas culturas, de largas tradiciones, caiga bajo las garras de estos monstruos ávidos de poder y sangre, que han asolado nuestro país durante décadas. Dios no permita que a Ecuador le suceda lo mismo que a México, que no supo ver el enemigo a tiempo ni sus verdaderas dimensiones. El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, a quien conozco y respeto por sus excelentes administraciones, sostiene que los colombianos tendríamos que sacar Visa para ingresar al Ecuador. El problema no es de Visa. Con o sin ella el hampa se cuela. Lo que tienen que hacer es abrir los ojos, detener a tiempo. Denunciar. No aceptar nada de origen dudoso. Ya se ven los primeros narcosíntomas. No sólo en las capitales sino en ciudades intermedias. Repito, así parezca el mismísimo Papa; Dios los proteja. No se merecen vivir lo que hemos vivido. Todavía están a tiempo de parar y no cohonestar más con cantos de sirena, negocios millonarios ni milagros rentables... Ellos, los narcos, se descubren a sí mismos. Sólo hay que saberlos mirar.

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