Ni con el pétalo de una rosa

Ni con el pétalo de una rosa

Marzo 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Así enseñaban los abuelos a sus hijos, los padres a sus hijos. “A las mujeres NO se les toca ni con el pétalo de una rosa…”. “Los niños no le pegan a las niñas”. “Cuidadito toca a su hermana”. “No sea brusco con las mujeres”… Pero, por el otro lado, la Iglesia y los mismos abuelos y padres enseñaban a sus hijos: “Existen dos clases de mujeres: las putas y las que serán las madres de sus hijos”… “El placer sexual es con las mujeres de la calle… a su esposa se la debe respetar y tratar siempre como una dama”. “La mujer debe ser siempre sumisa y obediente. Darle gusto al marido, satisfacerlo en todo cuando él quiera y cada vez que quiera, tenerle la comida caliente, la ropa planchada, la casa en orden y los niños en silencio…”. “Si el marido la desea sexualmente y la esposa se niega, es pecado. Va contra natura. La mujer siempre tiene que estar dispuesta…”. “Ojo si ve a su esposa con amistades peligrosas, mujeres separadas y libertinas… la esposa siempre debe ser casta y no dejarse ver en malas compañías”… “El hombre es el jefe del hogar y punto. La mujer está para obedecer…”.La lista sería infinita. El machismo es universal. Es una metástasis que se propagó por el universo, desde que el primer hombre de las cavernas entraba a su mujer por los pelos, arrastrada, me imagino para que le cocinara el mamut que acababa de matar. Desde la prehistoria está implícito que el macho puede hacer con la hembra o mujer lo que le dé la gana. La Biblia y la Iglesia Católica se esmeraron en estas enseñanzas. Santo Tomás a la cabeza nos condenó al infierno por pecadoras, zorras, y ,desde los comienzos del mundo, la primera mujer se alió con la víbora y fue la causante del pecado original.Creo que ninguna mujer, a través de su vida matrimonial -me refiero a las que han perseverado en el sacramento y aguantado varias décadas-, se ha salvado del grito, el mechoneo y el sacudón. Así no lo confiesen. Así traten de demostrar que su unión de pareja ha sido una continua luna de miel. Ninguna niña se ha librado del empujón autoritario del hermano. Ninguna empleada de oficina o doméstica, de las órdenes perentorias del ‘jefe’, del asedio, de la coquetería o de la insinuación. Los hombres, como lo fue desde el origen de los tiempos, se consideran con “derecho a pernada”. Políticos, gamonales, traquetos, dictadores, caudillos, empresarios, se adjudican per se el derecho de “llevarse la mocita para el motel”, o la maestra del pueblo en contraprestación de los voticos, por poner sólo dos ejemplos.Por eso invito a admirar y reflexionar en el Museo de Arte Religioso, la exposición ‘Ni con el pétalo de una rosa’, en torno al maltrato femenino. Las estadísticas señalan “que una de cada cuatro niñas ha sido abusada sexualmente, y una de cada tres mujeres ha sufrido al menos un acto de violencia, y dos de cada tres, maltratadas en sus hogares en los últimos seis meses”. Gracias a Alejandra Borrero, una caleña de raca mandaca, excelente actriz, y con una sensibilidad a toda prueba.También los invito a leer el libro de la mexicana Lydia Cacho, ‘Esclavas del poder’, donde arriesgando su vida viaja por el mundo entero, metiéndose en las entrañas de las mafias que trafican con mujeres y niñas. Un testimonio estremecedor. Una realidad trágica de dimensiones inconmensurables. Y mientras tanto, todos los titulares de prensa rasgándose las vestiduras por una patada a la lechuza. Ojalá esta exposición y este libro nos pongan de nuevo en la realidad.

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