Muebles viejos

Junio 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Pocas veces en Cali hemos tenido un Arzobispo de la talla de monseñor Darío de Jesús Monsalve. Los representantes de la Iglesia Católica salvo la honrosa excepción de Monseñor Isaías Duarte Cancino, asesinado por decir verdades de a puño en la época que ‘narco Cali’ reinaba en todo su esplendor, no han tenido ninguna relevancia en cuanto sensibilidad y responsabilidad social.Los que recuerdo eran Monseñores chocolateros, barrigones, engolados y elitistas. Ensimismados en sus púrpuras y exigiendo reverencias, ejerciendo a su modo una caridad paternalista y sin verdadero compromiso con la realidad de esta ciudad excluyente, donde malviven gran parte de sus habitantes.Se dejaban comprar por dinero. Sobre todo en el oscurantismo del Concordato, en que según la cifra recibida, anulaban sacramentos o repartían la patria potestad de los hijos. Machistas de tiempo completo, épocas en que las mujeres llevaban todas las de perder. Muchos alcahueteaban la pederastia, y cuando ‘el caso’ era muy obvio cambiaban al abusador de parroquia, teniendo el victimario nuevos horizontes infantiles.Con Duarte Cancino y Darío de Jesús las cosas han cambiado radicalmente. Ya no se tapan las verdades ni se adornan con mentiras los problemas sociales. Darío de Jesús Monsalve no ‘les cae bien’ a muchos ricachones del pueblo, a los ultragodos y a los que acumulan cuentas corrientes como si fueran a comprar palco en la eternidad, olvidando que por más de roble y oro que sea el féretro igual se carcome bajo la tierra. Y si van a la chimenea, pues al aire contaminado y punto final.En el reportaje de El País al Arzobispo la semana pasada, refiriéndose a las tomas de La Catedral y de La Ermita por ciudadanos que se ven afectados por los problemas de transporte, de todos conocidos y donde se mueven intereses non sanctos, y de la reubicación de familias enteras para la recuperación del jarillón del río Cauca, expresó que “los seres humanos no pueden tratarse como muebles viejos”.Tiene toda la razón. Gran parte de la violencia juvenil, entre pandillas, fronteras invisibles, en la que puñaladas, balas perdidas y violaciones son el pan de cada día, tuvieron su origen cuando en gobiernos anteriores se edificaron, si se les puede llamar así, conjuntos de 30 metros cuadrados, con ladrillo hueco, para meter a la brava familias enteras de desplazados provenientes de diferentes regiones del país, y sin consultarles, las hacinaron sin tener en cuenta de dónde provenían, número de familiares, mezclando así culturas, tradiciones, regiones. A la brava, como mezclando ganado para empujarlo en el mismo camión.De este hecho politiquero que no tuvo en cuenta la dignidad del ser humano, nacieron muchísimos de los problemas que hoy vivimos, mientras los ‘de turno’ posaban para la foto y hacían alarde de responsabilidad y sensibilidad social.Una cosa es la importancia del jarillón, para evitar que la mitad de la ciudad quede bajo el agua. Este problema lleva años sin resolverse. Tienen que solucionarlo y el alcalde Guerrero puede hacerlo. Pero reubicando a las familias de una forma digna. Dialogando, como dice monseñor Darío de Jesús.Rodrigo Guerrero conoce la problemática de la ciudad. Su responsabilidad social viene de años. Simplemente tiene que tomar el timón y llevar a buen puerto a los que van a iniciar su vida en otro sitio. Ejercer la autoridad para detener a avivatos y electoreros de turno, y a los que se lucran con la pobreza de otros. No es populismo, ni comunismo, ni ningún ‘ismo’ lo que defiende el Arzobispo de Cali. Es la Dignidad humana. ¡Y esto no es negociable!PD. Falta sincronizar los semáforos. Es patético que cuando uno da luz verde, el siguiente se ponga en rojo. Y está sucediendo tanto en el Sur como en el Norte. ¡Me imagino que el pilo del Hadad ya se la ha pillado!

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