Morir dignamente

Morir dignamente

Febrero 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

La respuesta de la Curia a mi artículo de la semana pasada sobre el caso de los 70 ‘bebés’ que cuida con amor y ternura Anadeiba Lasso, seres humanos tirados a la calle y que  esta mujer con su Fundación del  Anciano Abandonado recoge y  cuida hasta su muerte, y sobre el negocio de los cementerios arquidiocesanos, repito, tuvo una respuesta definitiva  para suerte de estos seres cuando pasan al lado de la eternidad, y dejan sólo sus cuerpos marchitos por el desamor y los años.El arzobispo Darío Monsalve me escribió un mensaje dándome las gracias por el ‘recorderis’ de la problemática de los cementerios bajo su jurisdicción y envió tres representantes de la Curia a contactarse con Anadeiba. Primero fue el encuentro en la iglesia de Fátima y  al día siguiente conocieron la Fundación y no sólo se conmovieron al ver el techo cayéndose, sino que se comprometieron a que cada vez que muera un anciano  le brindarán sus exequias sin costo alguno. Quiero agradecer este gesto. No sólo la gallardía de monseñor  Monsalve de responder estos duros cuestionamientos, sino de poner cartas en el asunto. Cuántos años llevábamos en otras administraciones eclesiásticas  clamando por este acto de justicia, sin respuesta. Afortunadamente  esos días  oscuros pasaron al pasado. Anadeiba y su Fundación  parecen vislumbrar un nuevo amanecer. Gracias a los que se han interesado en la reparación del techo, al banco de alimentos, a  quienes llamaron, visitaron y seguirán  ayudando. Ojalá la Alcaldía  se pellizque, o la Gobernación. Muchos de estos seres  fueron arrastrados desde otros municipios por sus familiares para dejarlos  tirados en Cali, a la buena de Dios.Insisto en lo relativo a los cementerios, que revisen sus  comportamientos. No son sólo los ancianos de Anadeiba, son jóvenes  asesinados por  rivales de pandillas. Cuántas veces la hermana Alba Stella de la Fundación Francisco Esperanza no se ha visto a gatas para ayudar al entierro de adolescentes, víctimas de su propia violencia y abandono. Cuántas familias en Cali, en condiciones de pobreza absoluta, deben recurrir a la caridad para dar sepultura digna a sus familiares.Es la política  al respecto la que tiene que cambiar. Está muy bien  la ayuda a Anadeiba. Pero son cientos de casos en Cali. Los pobres no tienen dinero para enterrar sus muertos. El Municipio jamás se ha puesto en la tarea de hacer un cementerio para su ciudad. Morirse es un negocio lucrativo para  funerarias, floristerías, cementerios. A ninguno le importa un pito el dolor y la miseria de los deudos. Fui víctima hace años de esta sed lucrativa. En el cementerio del sur enterramos a mi papá, luego a mi hermana y ejerciendo la familia el legítimo derecho de enterrar a mi mamá en el mismo lote, lo logramos después de gritos e insultos. Al otro día habían borrado con lija el nombre de mi papá en la lápida. Don Aníbal Mera Tenorio, se convirtió en N.N. El objetivo era que los demás deudos que pasean por esos sacrosantos campos no se dieran cuenta que se pueden enterrar más cuerpos. El negocio es redondo. Dos y no más. Si muere otro, a comprar otro lote. O peor, los osarios son desvalijados, a veces para revenderlos como nuevos. En fin.Gracias monseñor Monsalve. Su interés por atajar la corrupción extraterrenal es seria. Le creo. Tiene corazón, carácter e independencia. Ojalá el cementerio de Aguablanca sea realidad pronto. Recuerdo una ocasión en que abrí las neveras de la morgue en el HUV. Amontonados un pelotón de cuerpos. ¿La razón? No tenían dinero para enterrarlos y los cementerios no ayudaban con sus sepulturas. Nadie los había reclamado. Ya que muchas veces las condiciones de vida digna no se dan, al menos la ciudad y la Curia tienen la responsabilidad de otorgar la posibilidad de una sepultura digna.

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