Me pregunto

Junio 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Desde que el Día del Padre quedo prostituido por el comercio, como el de la Madre, el Hijo, la Navidad, el Maestro, la Secretaria, la Amistad, etc. y la humanidad que entre cadenas gime quedó esclavizada a comprar, enviar tarjetas, llevarse a la ‘amiga’ al motel, fingir que adora al conyuge, visitar cementerios para expresar ese día el cariño o la culpa ante un pedazo de tierra o una cuadrado de cemento y jodernos el día a los que no celebramos estas fechas, porque de todas formas, estos son días raros, que convirtió el capitalismo en ‘especiales’, hace que nos sintamos ‘diferentes’, para decir lo menos.Me pregunto, repito, en estos días falsos y obligados qué sentirán los hijos de padres desconocidos, los hijos de violaciones, los hijos que solo han recibido maltrato, golpizas y abusos. Me pregunto qué sentirán los hijos que se alimentaron de hambre, porque el padre desapareció por encanto o se bebió el salario del miedo. Me pregunto qué sentirán los hijos que obligadamente duermen en hacinamiento, unos encima de otros, cuando les toca presenciar las arremetidas ‘amorosas’ de sus padres a sus madres o a sus hermanas o hermanos. Me pregunto qué sentirán los padres que llevan el alma envuelta en luto y lágrimas porque al hijo lo mataron y no tienen nada que celebrar.Pero somos como borregos, atados por el dinero y las fechas impuestas. Y el Día del Padre y todos esos falsos días, tenemos o tienen muchos la obligación de ‘celebrar’. Después nos escandalizamos con las muertes  que leemos en los periódicos los lunes post padre. Nos santiguamos al constatar la avalancha de heridos en las salas de urgencia de los hospitales, las estadísticas abruman con datos de violentos pandilleros que se agredieron, soltando en esa fecha toda la rabia, la frustración, el dolor y desbocándose en derramar en la sangre de otros esa sangre interna de heridas abiertas que jamás cicatrizaron.Lo que deberíamos hacer si fuéramos capaces de reaccionar ante la esclavitud del becerro de oro, sería mostrar en marchas, con pancartas la indignación ante estas fechas. Y ese dinero que obligatoriamente se gasta en sacar al ‘viejo’ desdentado a sancocho sin hueso o adquirir el rolex al ‘papito’ millonario que jamás les pone atención a los hijos y solo les compra objetos. Tirar a la caneca de la basura esas miles de ofertas de catálogos en las que muestran padres felices si les regalan la camisa a cuadros o viejos ya de pañal con la caja de dientes sonriente ante el nuevo equipo electrónico.Ese dinero malgastado que no es reflejo de amor ni de ninguna emoción íntima deberíamos apartarlo para apoyar programas educativos, para ayudar a socializar jóvenes precisamente violentos por falta de padre. El día del padre, el de la madre, el de la tía, el de la secretaria, son todos los días del año. Una frase amorosa, un delicado gesto, una caricia, una pregunta, una respuesta son los verdaderos regalos, las moléculas de ese colágeno de amor que es la columna vertebral de las relaciones. Ayudar a esta sociedad enferma a que no existan más niños sin padre, más padres viejos tirados a la calle para que se mueran, más padres abusadores. Ese sería nuestro principal grano de arena o semilla de mostaza para tener una sociedad más armónica y ayudar a borrar tanto dolor.Y qué tal la Navidad, la familia ideal, una mamá virgen, un papá que no es papá y un niño enviado directamente por una paloma, acompañado de tres reyes, una mula y un buey... sin comentarios. ¿Cuándo la Santa Madre dejará de vendernos esos imaginarios populares que no tienen que ver nada con la realidad?Padre nuestro que estás en el cielo, Abba Father, como se llame, a donde estés, si es que está, ayúdanos a despertar.

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