Los tres kilómetros de la muerte

Septiembre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Es inconcebible que todavía los tres kilómetros que conectan Menga con la entrada a Dapa, que desde el 2009 los vecinos del sector, industriales, comerciantes, residentes están clamando para que lo pavimenten, lo semaforicen y lo pongan en condiciones dignas, tres años después no haya tenido ningún eco. Los de Yumbo se tiran la pelota con los de Cali. Los sucesivos gobiernos departamentales y municipales se lavan las manos. Los concejales de Yumbo y la Asamblea Departamental se hacen los sordos ante los reclamos de los ciudadanos, como eso no da votos les importa un pito que los miles de vehículos que transitan diariamente ese tramo se accidenten, se maten ciclistas y peatones, arriesguen las vidas todos los que tienen que entrar y salir de los callejones 32, 34, 35 y 37, sin un pinche semáforo, sin un policía, sin nada que los pueda guiar en semejante caos.A diario transitan 30.000 vehículos por esa zona. Se proyecta construir un Centro Internacional de Desarrollo Social que generará 12.500 empleos. Se encuentran las instalaciones de Acopi, Good Year, Caja Agraria y bodegas de almacenamiento por donde entra el 90% de las industrias de la zona. Además de acceder a uno de los cementerios de Cali, donde el cuerpo del fallecido puede llegar en descomposición por los trancones que impiden circular normalmente.De Yumbo es sabido que poco se puede esperar. Siendo uno de los municipios más ricos de Colombia, la robadera y la corrupción han logrado que sea uno de los más feos, deprimidos y violentos. Y como los de Yumbo votan por Yumbo, no les importa que los ‘caleños’ se queden sin vía decente. Ningún alcalde hasta la fecha ha hecho nada al respecto. La mermelada sólo alcanza para los concejales y politiqueros.Y como si fuera poco, además en ese tramo existen 12 moteles, 5 colegios, 2 viveros, 3 clínicas, 20 rumbeaderos, 4 estaciones de gasolina, un centro comercial y la iglesia de Las Vallas que aglomera miles de personas cada domingo, más el acceso al 50% de las industrias de Yumbo y 25 establecimientos comerciales.Para resumir, estos tres kilómetros son una calle más de Cali, y como no es de Cali ni de Yumbo, ni nacional, no tiene ente responsable que ponga la cara. Qué importan los muertos ni los accidentes diarios. Los que pagan impuestos exigen la doble calzada ya.El gobernador Ubeimar, que entre otras cosas se está amarrando bien los pantalones, recibió una carta escrita el 11 de este mes con copia al secretario de Infraestructura, Carlos Hernando Navia y a Antonio Ospina Carballo, presidente de la Asamblea Departamental, en que se le pide que tome cartas en el asunto. Si lo hace, no sólo salvaría innumerables vidas sino que pasaría a la historia como el primer benefactor de esa zona vital para el Departamento y olvidada por todos.Mientras en la Capital se debaten proyectos abstractos como la carretera Palmira-Ataco, San Marcos-Loboguerrero, la del Valle a La Orinoquía, a ver qué tajada pueden sacar, estos míseros tres kilómetros de la muerte siguen sin paternidad responsable. A ver si este Gobernador se pone las pilas y acaba con este calvario.PD. Lágrimas negras lloran las montañas de Cali. Parecen desgarradas por un depredador calcinante y monstruoso. Por asesinos de la naturaleza, de almas oscuras como los rescoldos que dejan en los otrora cerros verdes. Cadena perpetua merecen. Encerrados en mazmorras tan oscuras como sus corazones y sus mentes. Cali huele a humo. A muerte ambiental. Cali llora lágrimas negras.

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