Los Papas van al cielo

Abril 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

El avión que desde Madrid volaba a Roma el sábado estaba repleto de faldones negros, tocas y velos. Curas de las más remotas provincias ibéricas se encontraron de sopetón en Barajas. Extremadura, Castilla, Andalucía, Cataluña, Galicia, las Vascongadas... todos revoloteaban como enjambres de abejas y mariposas. ´Con los hábitos desplegados escuché en la mesa vecina a una monjita entrada en años y carnes diciéndole a un joven seminarista de ojos gitanos que tenía miedo del avión. Él le respondió con su cerveza en la mano, “¡...que no pasa na! ¡Y si caemos subimos al cielo!”.No me gustan los aviones y me entró un mal agüero profundo. Pero ni modo, la única manera de llegar al Adriático Sur, donde Italia mete el tacón de su bota casi en África, era volar rodeados de sotanas y tocas, ¡más ciertos olores amotinados!Subían al Cielo dos Papas, y eso no sucede todos los días. No sé por qué se me ocurre que a nuestro Francisco le emocionó darle pasaporte celestial a Juan XXIII, un verdadero revolucionario que lanzó a los montes y campos a los curas para que trabajaran con el pueblo y los campesinos, y de paso dio ideas revolucionarias. Y que no se entusiasmó otorgando la visa a Juan Pablo II, que más que ser un Santo arregló su canonización con el Opus Dei y los fanáticos de José María Escrivá de Balaguer, en una transacción de Mucha Altura.Personalmente desde que un Papa sacó del cielo a Santa Lucía la ‘niña de mis ojos’ y a Santa Cecilia la que nos libra de rayos y centellas, no creo en los santos. A estos los suben y los bajan al antojo de cada sagrado Jerarca. Miro las estrellas y les mando besos a mis seres amados. A mi Ser Superior y a Jesús, mi personaje favorito. ¡Con eso tengo!Por otro lado leo que las boutiques sagradas están ‘quebrando’ pues con el ejemplo de nuestro Francisco, ya los Cardenales les de ‘oso’ y vergüenza comprar túnicas de armiño, pantuflas de Prada, anillos de oro y esmeraldas, mitras bordadas y demás antojitos. Los propietarios que se forraban los bolsillos con el dinero de los fieles están furiosos. Ya por esas calles asustan, ningún prelado exquisito se atreve a pasar, del terror que lo ‘sapeen’. A lo mejor, entrada la noche, nunca se sabe, ciertas prohibiciones sirven para aumentar las ventas ‘al estraperlo...’.El ELN debería ‘hacer las paces’ de una vez por todas. Ya Juan XXIII está en el cielo, a lo mejor Laín, Camilo y Pérez también. Ya no más armas, es hora de los abrazos.Estoy contenta con Juan XXIII. Le mandaré un beso en esta noche estrellada. ¡Además fue un gooool de Francisco el Hombre! No se dejó meter gato por liebre, en términos de santidad, digo yo.***Posdata: Más de un millón de visitantes fueron a Roma. Los reyes se mezclaron con la plebe, los laicos con los curas, los curiosos con los devotos. La Plaza hasta las banderas. Buena corrida, el mejor cartel.

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