Lo que yo vi

Marzo 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Salimos vestidos de blanco, muy tiesos y majos como Rin Rin, el domingo mi cuñado y yo. Como íbamos un poco atrasados, decidimos dejar el carro en el parqueadero de Palmetto y encontrarnos con la marcha a la altura de la 50. No vimos a nadie. Los asiduos a la Ciclovida, con sus bicicletas, triciclos, niñitos, mujeres trotando. Nos imaginamos que la marcha se nos había adelantado.Apretando el paso y con la lengua afuera. Tratando de alcanzarla. Llegamos hasta el Parque Panamericano. Nadie. Algunas mujeres con la camiseta del día de la mujer y una rosa marchita en la mano. Un grupo de ‘chonticos’ estrenando boinas verdes regaladas por el buenazo de Ortiz. Una carpa de alguna religión que decía: carpa de oración, deposite la suya. Una tarima donde unas jóvenes vestidas de blanco angelical cantaban al Señor. No sé a cuál de todos.En el trayecto de norte a sur venía empapado en sudor un arquitecto solitario que tampoco había encontrado la marcha y derrengado se encaminaba a coger un taxi que lo devolviera a Pance. Ya en el parque una señora solitaria, preguntando dónde era la marcha. Ya éramos tres los despistados. Nadie nos supo dar razón. Los asiduos de la ciclovida estaban en lo suyo.Caminamos los tres hasta el Parque de las Banderas. Vacía. Una vendedora de frutas nos dijo que por allí no había pasado nadie. Encontramos un paisa y otro caminante que venía desde la 14 de Calima y no había visto a nadie. Regresamos, ya éramos cinco, hasta el Panamericano. Llegamos y nos contaron que ya la marcha había llegado y ya se había disuelto. Vimos unos zanqueros mezclados con los ciclistas. Los chonticos sentados en un andén tomando gaseosa. Las mujeres con la rosa seca. Los ángeles en la tarima seguían cantando al Señor.Desistimos. Caminamos hacia Palmetto desandando lo andado, chorreando sudor. Llevar a la nueva mejor amiga hasta su casa en Ciudad Jardín y nosotros a casita.Veo las fotos del lunes en este diario. Alcalde, Ministra de Cultura, sonrientes para la foto en la Plazoleta de San Francisco. Ni el ojo de pescado del fotógrafo logra captar más de unas trecientas personas, que me imagino se fueron disolviendo por el camino, porque al Panamericano no llegaron. O si llegaron, desaparecieron en minutos.Cuento lo que vi. Lo que no vi no lo puedo contar. Lo vi en la foto amañada de ayer.La apatía de Cali, una ciudad con casi tres millones de habitantes no tiene perdón de Dios, ni de ningún otro Señor. Es aberrante, vergonzoso, frustrante. Aquí en esta ciudad la vida no importa. La paz menos. Las poquísimas mujeres con sus rosas deshojadas eran cuatro gatos. O gatas. Los chonticos estrenando gorras. Y pare de contar.PD: Importante para leer. Releer. Y reflexionar el artículo de Pedro Medellín ayer lunes en El País. En estas elecciones nos estamos jugando el futuro de Cali y el Valle. Depende exclusivamente de nosotros los electores. Necesitamos elegir mandatarios apartados de las mermeladas, del populismo adobado con tamales y plata ,de los subjudice, de los ineptos delfines, de los polarizados, de los que a duras penas y saben sumar, de los que pertenecieron a administraciones corruptas anteriores.Nosotros, caleños y vallecaucanos, decidiremos el futuro de nuestro Departamento. A unirse en torno de candidatos idóneos que están más allá de las prebendas y las presiones. No más villeguismos, ni holguinismos, ni torismos, ni garzoncismos, ni apolinarismos, no más ISMOS decadentes y cuestionados. ¡Ayudemos a crear el nuevo país!

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