Llegué tarde

Febrero 14, 2017 - 10:19 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Por  primera vez en años, llegó el Alcalde de Palmira y su comitiva a visitar oficialmente Palmaseca el sábado pasado. Quería estar presente y salí rauda y veloz desde mi apartamento en el sur, sur, sur.

Naturalmente llegué tarde. Si sumamos el trancón del Sur que llega a proporciones inimaginables los sábados, la pésima señalización acompañada de mi despiste, me llevó al atasque más feroz en la vía que conduce al puente de Juanchito. Equivocación fatídica. Todos los vehículos tratando de avanzar a cero kilómetros. Frenazos en seco. Mentadas de madre. Resignación. Blasfemias. Al fin encontré un ‘retorno’ y pude llegar a Palmaseca, vía recta a Palmira.

¿Por qué mi deseo de estar presente? Por amor al Valle y curiosidad periodística. Supe que el alcalde Jairo Ortega Samboní me había esperado. Le agradezco su gesto, pero más le agradezco que visitara Palmaseca y se reuniera con la Junta de Acción Comunal, para tratar puntos concretos y conocer en persona el abandono en que tienen esta vereda que le genera la mayor parte de dinero al municipio de Palmira. Y sobre todo, que se haga algo al respecto.

Me contaron que el Secretario de Educación cuando recorrió la escuela comentó que “sentía vergüenza”. Lo mismo cuando miraron la realidad del puesto de salud, y ni que decir de la iglesia, construida hace dos generaciones impulsada por una mujer emprendedora que ahora tiene noventa y seis años y le toca mirar diariamente su deterioro.

Los puntos concretos fueron: La pavimentación prometida y nunca cumplida de los callejones Guzmán, Progreso, Las Medinas y Carmelitas.

Salud: Mantenimiento del cielo raso y el cableado de energía. Que la Secretaría de Salud cumpla con la presencia dos veces por semana (qué espanto) y, las visitas domiciliarias de la enfermera para los que no pueden desplazarse. Atención digna a los habitantes.

Escuela: Puertas, sanitarios, pisos, pupitres. Condiciones infrahumanas para los niños que se niegan a asistir aumentando la deserción escolar y las situaciones de peligro que esto conlleva. Si a esto se suman los olores pestilentes de Pollos Bucanero que colindan con la escuela, y las moscas, más la basura y el monte que la rodean. Ya los lectores pueden visualizar el panorama.

Deporte: No existen espacios deportivos ni recreativos. Existe un esbozo fantasmal de un parque y una cancha de fútbol que es vergonzosa. Censo: para los que logran terminar el bachillerato es casi imposible acceder a la universidad. Mala calidad, falta de oportunidades, inexistencia de contactos con el Sena, etc.

 Caseta comunal: Un espacio digno y con los elementos necesarios para que la Junta de Acción Comunal unida y emprendedora tenga donde reunirse.

Es lo mínimo que la Alcaldía de Palmira puede hacer por este corregimiento. Sus habitantes son gente buena, trabajadora, digna y no existe justificación para que permanezca en este abandono. Por derecho propio le corresponde tener toda la infraestructura y oportunidades. Es la región que alberga el Aeropuerto, la Licorera, el estadio del Deportivo Cali, la Zona Franca, además de otras importantes industrias.

Palmaseca no tiene por qué mendigar nada. Tiene el derecho de ser un polo de desarrollo. Sus habitantes deberían tener prioridad en los empleos de las empresas que la rodean. El derecho a una educación de primera calidad y a una vida digna, con oportunidades.

Seguiré el rastro de esta primera visita del Alcalde y su gabinete. Lo hago porque soy palmirana de pura cepa materna. Porque mi abuelo le llevó la luz eléctrica y el acueducto a Palmira. Porque de pequeña pasaba temporadas en la casona de la plaza al lado de la catedral. Porque mi tío abuelo empezó a construirla. Porque me gusta el olor a trapiche,  morder y chupar caña, adoro las palmas y me indigna ver el abandono y el olvido de esa vereda, mientras otros se lucran con la riqueza del sector.

Gracias, alcalde Ortega Samboní. Palmaseca cree en su palabra.
PD. ¿Y la Gobernación del Valle no se debe pellizcar un poquito por esta zona? Que yo sepa, ¡no existe ni un miserable libro por esos alrededores!

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