La Tremolina

La Tremolina

Julio 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Sabado 3 de julio. Madrid festejó a reventar el unigol a Paraguay y su clasificación a semifinales, que parecía la utopía de Camelot. El Festival del Orgullo Gay, celebrado con carrozas, cerrada de La Gran Vía, la Puerta del Sol y la Plaza de España. Las mejores orquestas. Taconazo ventiado. Nunca mejor recordado Agustín Lara. “Madrid, Madrid, Madrid... Y vas a ver lo que es canela fina, y armar la tremolina cuando llegues a Madrid”. Porque si hay una ciudad donde vibra la vida, se habla fuerte, los adjetivos se utilizan todos, el toro tiene que ser toro y el torero tener cojones, donde se escupen al suelo las cáscaras de las gambas al ajillo y se fuma recostado en las barras de los bares, y los taxistas opinan del paro, donde se vive la marcha, la energía se desborda y las fiestas son fiestas, es en Madrid.Hasta hace unos años, en junio, julio y agosto, llegar a madrid era como llegar a la caldera del diablo, pero vacía. Nadie sudaba, ni blasfemaba, nadie bebía chorros de sifón acodado en las barras, porque no había nadie. Todo el oriundo de la Villa de Oso y el Madroño había empacado sus chiros, había embutido a la familia, con suegros incluidos, en el minicoche y se había marchado a otro lugar. Locales, restaurantes, librerías, galerías de arte, peluquerías ostentaban en sus puertas "Cerrado por vacaciones. Volvemos en septiembre”. Quedaban para los turistas despistados el zoológico, la Casa de Campo con la monstruosa montaña rusa, unas corridas de tercera categoría y el Prado, con la colección permanente que jamás cierra, para única fortuna de los visitantes de antaño. De resto, sudar en solitario, dormir siestas interminables y aburrirse. La famosa temporada alta de las agencias de viajes, creo que promocionaban sólo “temporada alta de calor”.Pero todo cambió. Sucesivos gobiernos de la Comunidad se dieron cuenta del potencial de esta ciudad en épocas de sol, y desde hace unos años Madrid en verano es una de las ciudades con más actividades de Europa. Los famosos veranos de la Villa ofreciendo orquestas, teatro, conciertos en los parques. Museos como El Prado se traen exposiciones de primer orden. En este momento Turner está en El Prado y Ghirlandaio en el Thyssen. El estadio Santiago Bernabeu pone una pantalla inverosímil de gigante para que desde las calles los aficionados vean el fútbol. Los restaurantes sacan asientos a las terrazas. Los teatros se lucen con estrenos de primera categoría.Y se forma la Tremolina. Madrid hierve de sol y de vida. Hierve con el paro del Metro en el que su coordinador sindicalista amenaza con “hacerla reventar” si no se arreglan los ajustes. Madrid hierve con los goles de su equipo que por primera vez pasa a semifinales en una Copa Mundial. Madrid zapatea por las calles. El sábado pasado más de un millón de personas salieron a celebrar la noche del Orgullo Gay. Homosexuales, lesbianas, transexuales, heterosexuales, ancianos más allá de toda tentación, jovencitas y jovencitos que todavía no han decidido qué quieren ser ni hacer en la vida, frígidos, adictos al sexo. Festejo que durante la dictadura franquista no se hubiera podido concebir. Homosexuales, lesbianas y travestis tenían como destino único las cárceles, o la desaparición forzada. Ya le ley los protege, les reconoce y les respeta su identidad sexual. La única identidad que compartimos todos los humanos es la de pertenecer a la especia humana. Punto.Y así fue. La Tremolina. Los fanáticos del fútbol dándose besos y los gay gritando “Gooooool”. Esto es Madrid.P.D. ¿Qué hubiera pasado si no se nos ocurre ‘independizarnos’ de Popayán y Buga? Nos hubiera ido mejor. Una ciudad pequeña, amable y alegre. No el caos que logramos construir a base de ‘independientes’. Para reflexionar.

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