La Oculta y La Niebla

Marzo 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Llega la semana que ya no se sabe si es de pasión, de dolor, de lujuria, de playa o de páramo, de lluvias o de sol. Es La Semana. Punto. La única oportunidad donde todos los santos y los que no son como Pilatos y Judas salen a pasearse por las calles caminando misteriosamente en el aire mientras bajo los faldones grupos de encapuchados los llevan a hombros, fortalecidos con un guaro cada vez que hacen stop.En Sevilla, España la cosa es pasional en todo sentido. La Macarena y la Trianera son rivales. La una pertenece a las Cofradías de señoritos de ‘alta alcurnia’. Esa es La Macarena. La de Triana pertenece al andaluz raso, al que vive del otro lado del Guadalquivir, donde nacen los toreros toreros, los que arriesgan porque “más cornadas da el hambre”, los gitanos, los artesanos, los de boina y tabaco barato, los “de verdad”. Donde habita también El Cristo del Cachorro tallado con la imagen del dolor de un gitano agonizando en una estrecha calle adoquinada. Ambas rivalizan en belleza y atuendo. Reciben piropos y zaetas, son paralelas. Prefiero La Trianera, tiene más salero.Yo salgo pitada a las librerías. No salgo de Cali porque Cali se queda casi solo para mí. Compro el último libro de Tomas González y me lo leo de un tirón. Se titula ‘La niebla al mediodía’.Hace poco leí La Oculta de Héctor Abad. Encuentro también que son paralelas, como las vírgenes sevillanas. Dos narraciones diferentes pero semejantes.González y Abad narran a través de sus personajes la historia donde el verdadero protagonista es el lago. En La Oculta se siente el amor por la tierra, por la tradición de los abuelos, por la casona vieja que forma parte del alma de sus dueños. Y un lago, paisajes brumosos y días soleados. Queda en un lugar apartado de las montañas de Antioquia. Cada personaje tiene su propia voz y reflexiona sobre un mismo tema. Todos están unidos por lazos de sangre aunque con diferentes maneras de ver el mundo y relacionarse con la vida. El paisaje determina los caracteres. Ninguno se puede desligar del entorno.En La Niebla al mediodía, Tomás González también sitúa su historia en lo alto de una montaña. La niebla, los guaduales, el agua que brota de la tierra formando quebradas y arroyuelos, la lluvia que no cesa, la bruma que llega y se desaparece en intervalos, el sol tímido que asoma en las mañanas. El lago.También varios personajes narran la historia. Su versión. Están unidos por la sangre y la amistad hacia la supuesta protagonista, que también forma parte del relato. Pero son los guadales, la poesía, la soledad, el amor y el desamor, y la lluvia los que llevan el hilo de la narración. También está el lago.Dos libros paralelos. La misma estructura. Un mismo común denominador, la tierra y la bruma. Los personajes dan sus versiones. En La Oculta y La Niebla el lago está presente, misterioso, profundo.Como La Trianera y La Macarena. Cada una con su público, cada lector con su favorita. Las dos llenas de magia y nostalgia, ambas obras salidas del amor por el paisaje y el apego al origen, donde el sabor y el olor de Colombia están presentes en cada página. Yo me quedo con La Oculta, pero me dejo llevar por esa música de los guaduales cuando se acarician con el agua, y me dejo envolver por la niebla silenciosa y fantasmal del amanecer.PD: Buena Semana Santa a todos. Aprovechemos este receso. Que se avecinan turbulencias políticas y otros nubarrones. Respiremos profundo y desconectémonos un rato de la prosaica realidad. Los lagos de La Oculta y las nieblas del amanecer nos ayudarán.

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