La embarrada anunciada

Mayo 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

No entiendo de economía. No entiendo que la gente se mate por el dinero. No entiendo la desigualdad y la inequidad social. No entiendo ni comparto que unos pocos tengan billones mientras la mayoría de la humanidad no tiene un pan para llevarse a la boca.Me repugna que los almacenes que venden a lo que los da la gana sus productos sean los cómplices callados de los obreros que las maquilan, sus salarios de hambre y sus condiciones infrahumanas. Ejemplo la tragedia de Bangladesh.Pero la embarrada anunciada del TLC se veía venir con la aquiescencia de los que manejan empresas, economías y les importa un pepino lo que suceda con la clase trabajadora de su país.Lo de Colombia se sabía. El pulpo sin entrañas llamado USA se apoderaría de todos los beneficios del Tratado, mientras que el campo colombiano se convertiría en un misero vergonzante sin futuro a merced del rico epulón que le regale y conceda a veces las migajas.Pero la aprobación del TLC en Colombia se convirtió en un problema de 'status social'. Si no nos metían en el Club, nos íbamos a quedar fuera del circulo exclusivo. Como cuando se rechaza a alguien por pobretón  o 'medio pelo'. No podíamos como país sentirnos 'pordebajiados', teníamos que pertenecer a como diera lugar.Ya las consecuencias se están empezando a sentir y esto es solamente el comienzo del derrumbe, cuyas direccionales no pintan sino hacia el desastre total. El Tiempo del domingo pasado en primera página ya nos lo cuenta: “Exportamos un miserable 3,3% y las importaciones subieron el 14,6%...”Cuando vamos a entender que somos un país sin carreteras,sin conexiones decentes entre los departamentos, que para que algún producto que se origina en Boyacá llegue a Buenaventura se tarda una eternidad, si es que llega. Que el único puerto sobre el pacífico sus habitantes viven en condiciones infrahumanas y las bandas criminales son los dueños de vidas y muertes mientras la corrupción campea.El campo nuestro está amenazado, los desplazados son millares, la usurpación de tierras, los estímulos a los campesinos siguen siendo un cuello de botella inexpugnable, no existen motivaciones para quedarse en labores del campo. El ministro de turno dice tan tranquilo que hay que seguir teniendo paciencia cinco años más.Mientras tanto nos llenamos de productos extranjeros a menor precio, aceptando sin chistar que los USA, los chinos, los japoneses y todos los que les de la gana nos sigan invadiendo y llenando sus arcas.Los estratos siete y ocho les importa un pepino la situación. Naturalmente siempre son los menos favorecidos los que cargan de bulto. No se necesita ser profeta ni economista para saber que la minoría absoluta seguirá en la globalización de la pobreza, mientras los vivos de siempre los que tienen el sartén por el mango seguirán forrándose los bolsillos.Desde que el dinero se convirtió en el único dios reverenciado por todas las religiones no existirá jamás paz, justicia ni equidad. Ese es el juego suicida al que entramos sin darnos cuenta que ni teníamos las fichas ni sabíamos jugar.

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