La Casona de El Peñón

Noviembre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Muchos caleños se han unido para alertar sobre el posible e inminente “samanicidio y otros ultrajes” que se pretenden cometer en la Casona de El Peñón donde parece que Jorge Isaacs vivió, lloró o escribió.Leyenda o verdad, lo cierto es que esta casona es patrimonio arquitectónico de Cali o patrimonio urbano o patrimonio de lo que sea. Recuerdo mi niñez y adolescencia cuando Eduardo Ochoa y Rubria Cucalón eran sus propietarios. La casa resplandecía por dentro y por fuera. Esa pareja maravillosa no solo eran los mejores anfitriones del mundo, sino que las puertas de la mansión siempre estaban abiertas a los amigos. Era como un faro que iluminaba el barrio tradicional.Después de muchos años ya en otras manos, la Casona inició su lento descenso hacia el abandono, sin que nadie se interesara en salvarla del deterioro, de la maleza, de la soledad. Se fue personificando con el bambuco de Las Acacias... “Se diría que sus puertas se cerraron para siempre. Se cerraron para siempre sus ventanas. Todo ha muerto; la alegría y el bullicio, el calor de aquella casa”.Después del abandono municipal y departamental, sin que durante años a nadie le importara un comino que se cayera del todo y quedara convertida como diría García Lorca “...en un montón de perros apagados...”, una firma comercial la rescata, la pondrá de nuevo esplendorosa y resplandeciente. respetará su arquitectura y su fachada, la sacará de entre los escombros para inyectarle vida de nuevo...Y la alharaca se ha prendido como fuego en un pajar... Me pregunto, ¿con qué derecho protestamos los mismos caleños que permanecimos indiferentes mientras su estructura se caía a pedazos? ¿No estamos, una vez más rasgándonos las vestiduras como buenos fariseos que somos?Estoy segura que la firma comercial respetará el entorno, los samanes a menos que estén con las raíces podridas... Está muy bien que los vecinos se pongan las pilas. Ya sabemos todos que la mayoría de las curadurías son un asco, pero lo que debemos es celebrar que la Casona Ochoa-Cucalón vuelva a resplandecer como antaño. Y felicitar a una empresa que decidió dar ese primer paso para rescatar lo que dejamos abandonado tanto tiempo...¿Acaso no desaparecieron en segundos parte del Colegio de la Sagrada Familia en el mismo barrio de El Peñón y nadie, absolutamente nadie, dijo nada? ¿No dejaron ‘caer’ la casa irrepetible de Wab Laurence, donde funcionó mucho tiempo la oficina de Mario Fernando Prado que la tenía como una tacita de plata y ahora es un lote lleno de ratas y nadie dijo nada? ¿No dejaron desaparecer esa joya arquitectónica donde funcionaba el antiguo Club Colombia para levantar el edificio más feo y grotesco de Cali? Y nadie dijo nada...No conozco el proyecto, no conozco los empresarios, pero me parece que en vez de empezar a gemir como la llorona debemos felicitarlos y eso sí, vigilar que no se toque la fachada de esa joya que estábamos dejando morir.PD. A propósito... ¿Cuándo se iniciará una investigación a fondo en las Curadurías de Cali que siguen haciendo lo que les da la real gana?

VER COMENTARIOS
Columnistas