La Búsqueda

Enero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Ya tenía esa historia perdida en la memoria. Recordaba vagamente un escándalo ocurrido a finales de los 60, cuando una monja progresista, superiora del Colegio Mary Mount, por tratar de infundir conciencia social a sus alumnas, coladas de los sectores más conservadores y oligárquicos de la Capital, y por construir un colegio paralelo en el sur pobre y luchar contra esa desigualdad vergonzosa, había sido destituida, tildada de comunista y su foto aparecía en los principales periódicos nacionales e internacionales.Eran las épocas del triunfo apoteósico de Fidel Castro contra la dictadura odiada, de la Encíclica Populorum Progressio y el ‘aggiornamiento’ de las órdenes religiosas ordenado por el Papa Juan XIII, de los movimientos pacifistas contra la guerra del Vietnam, del hippismo, del hacer el amor y no la guerra. Un espíritu romántico envolvía el universo. Los curas colgaban las sotanas para vestirse normalmente. Las monjas tiraban a la basura las tocas, cornetas y los faldones. Las ‘niñas bien’ comenzaban a darse cuenta de que los pobres no eran parte del paisaje. Los campesinos se agrupaban para hacer valer sus derechos. El ELN se conformaba como movimiento revolucionario, con idea de tomarse el poder por las armas y lograr la verdadera revolución social. El cura Laín y el cura Pérez llegaban trayendo desde España sus convicciones de cristianismo revolucionario.Recuerdos casi perdidos en la memoria. Jamás imaginé que la conocería, que tendría la oportunidad de conversar horas con ella, de compartir carcajadas, de abrazar a esta mujer, llena de energía, poseedora de una memoria impresionante y mirada aguda y alegre, cristalina como el agua, que habla, desde sus 80 años, de su vida sin ocultar nada, sin justificar nada, sin arrepentirse de nada. Desde una inteligencia y bondad ilímites. Recordando cómo la vida la fue llevando a todas las vidas que vivió, sufrió, y amó, con entrega e ideales intactos.El encuentro se dio gracias a una amiga, casi hermana, que vive en Chía, vecina de ‘la monja-guerrillera’. Cuando me enteré, le pedí que la invitara. Quería conocerla. Saber que era una mujer de carne y hueso y no un resultado de rótulos y adjetivos. Al rato apareció Leonor Esguerra, con su pelo blanco, su piel tersa, sus ojos chispeantes. La sala, con su chimenea prendida, sus ventanales gigantes, su mesa de madera curtida, se llenaron de una calidez instantánea. Un abrazo apretado y alegre. Una sonrisa contagiosa.Leonor, Consuelo, Marucha, Socorro, Mayra... Muchos nombres. Muchas vidas. Una sola mujer, íntegra, convencida de sus ideales, movida por el amor y la conciencia social. Una mujer educada para brillar en los salones encopetados de la Capital, ser ama de casa, tener hijos ‘chirriados’ y marido elegante, que no pudo, desde sus 17 años, con ese abismo de las desigualdades sociales, primero, desde sus convicciones religiosas, y luego, desde sus convicciones cristianas-políticas, y decidió mandar al traste su destino y trabajar por la igualdad.Su libro ‘La Búsqueda’, recopilado por su amiga Inés Claux Carriquiry, es uno de los testimonios más íntegros y valientes que he leído. Leonor Esguerra, la monja, la guerrillera, la enamorada de Fabio Vázquez Castaño, la sentenciada a ser fusilada, la perseguida, la que creyó que a través de la educación religiosa y luego de la lucha armada zanjaría brechas, la que retomó la vida con igual entereza cuando se dio cuenta que la guerrilla tampoco era el camino del cambio, se despoja de todos sus roles y nombres y se nos muestra como es: única, integral, convencida, idealista y pilar fundamental en nuestra historia contemporánea.Su ‘Búsqueda’ se lanzará oficialmente en el Hay Festival de Cartagena. Ya se encuentra en todas las librerías. Un libro que tenemos la obligación de leer si queremos retomar el hilo de nuestra historia. Gracias Leonor por existir.

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