Inaceptable

Diciembre 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Leo en El País del sábado pasado, titular de primera página, ‘La Cumbre, un pueblo aferrado a la pólvora’. Nos cuenta que 35 familias, a pesar de que saben que es ilegal, olímpicamente siguen elaborando pólvora en las mismas narices de las autoridades que son cómplices silenciosos y no mueven un dedo para impedir este oficio. Una señora octogenaria afirma campante, “desde los 10 años empecé haciendo papeleticas y voladores junto a mis padres y eso es lo único que les dejo a mis hijos, nietos y biznietos”. Curiosamente el barrio polvorero se llama ‘Obreros de Cristo’ y a pesar de que desde el 2001 la ley 670 declaró ilegal la fabricación y venta de pólvora, ésta se sigue fabricando y vendiendo. Nada más cierto, en este caso, que “la Ley se hizo para violarla”.Lamento no estar de acuerdo con mi amigo Germán Patiño al respecto cuando afirma que esa prohibición “como todo cambio cultural debe ser manejada con paciencia, educación y a largo plazo”. Me pregunto si doce años no son suficientes para que ese “cambio cultural” no se hubiera producido en esas treinta y cinco familias. ¿Qué han hecho los gobernadores del Valle y los alcaldes de la Cumbre al respecto en todos esos años? ¿Rascarse las pulgas y hacerse los de la vista gorda a sabiendas de que estos ‘artesanos’ manipulan azufre, aluminio, cloruro de potasio, nitrato y otros componentes químicos y explosivos?No me opongo al trabajo, pero se nota que ninguno de estos fabricantes cumbreños ni sus funcionarios de turno han visitado jamás una unidad de quemados de ningún hospital. No han visto manitos mutiladas, rostros desfigurados, espaldas envueltas en vendas blancas mientras la piel se pudre por dentro. No han escuchado los aullidos de dolor. No han visto cuerpecitos de niños calcinados, ni han asistido a entierros de infantes que apenas comenzaban a vivir.Fabricar y vender pólvora es fabricar y vender muerte.. Y creo que en Colombia estamos ya saturados de sangre, de violencia indiscriminada para ahora seguir contemplando impávidos estos horrores de la pólvora. Invito a los ‘polvoreros’ o como se quieran llamar a recorrer, por ejemplo, la Unidad de quemados del HUV, un paseíto no más, eso sí con guantes, mascarillas y delantales asépticos para no llevarles más gérmenes a estos hombres, mujeres y niños desfigurados, con sus vidas interrumpidas y cercenadas. Una invitación cordial. Me imagino que la octogenaria no querría dejarle a sus hijos, lo que la pólvora deja a otras madres o abuelas: muerte, mutilación, dolor, cicatrices de cuerpo y alma que jamás se borran.Germán Patiño también afirma que “no todas las cosas por ser tradición son buenas y que existen tradiciones culturales que deben desaparecer”. Sigo creyendo que 12 años son más que suficientes para haber cambiado la maldita costumbre de la pólvora.A propósito de mi columna de la semana pasada que mencionaba la tragedia de la familia de Óscar, desplazados, refugiados en un cambuche de plástico verde que vio calcinar a su hijo menor y morir meses después a otro de sus hijos por la pólvora y las ‘celebraciones pirotécnicas’ en Buenaventura el 7 diciembre de hace un año. Su nombre completo es Óscar Díaz García y su cuenta de ahorros es la número 180558348 del Banco de Bogotá. Gracias por contribuir a rehacer la vida de esa familia digna, trabajadora y honesta.PD: Cali de luto por la muerte de Nelson Garcés Vernaza. No perdemos solamente a un amigo, sino a un líder. Un hombre que se dedicó con honestidad y pasión a servir a su ciudad. Extiendo mi abrazo de pésame además de sus familiares a Rodrigo Guerrero y a María Eugenia Carvajal. ¡“Qué triste se queda el alma cuando un amigo se va”!PD: a los que creen que me intimidan y amordazan con amenazas y citaciones judiciales les repito que pierden su tiempo. No dejaré de decir lo que pienso y siento. ¡Mientras viva y escriba no me voy a dejar acorralar!

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad