Hay pa’rato

Hay pa’rato

Febrero 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

El Hay Festival tocó su fin. Nostalgia al despedirse de los claustros del Santa Clara, del Teatro Heredia, del antiguo convento de San Diego, hoy sede del Instituto de Bellas Artes. El torrente de palabras que inundaron calles, plazas, auditorios, tertuliaderos, las interminables filas para ingresar a los conversatorios, el afán de agarrar a como diera lugar una silla en platea y no tener que treparse a gallinero, mirar de lejos algunos autores, asombrarse con las vestimentas de Sofi Oksanen, la finlandesa que ha provocado un tsunami con Purga, su libro que sacude su país. En fin, decir adiós a esta gran familia ecléctica que se reúne desde hace diez años para sumergirse en los libros, me llena de nostalgia. Que le vamos a hacer. La noche del domingo, cuando se apagaban las luces, una luna llena y brillante, reflejándose en el mar, logró atizar la despedida. Como diciéndonos “¡Aquí estaremos brillando el próximo año!”.La crónica la escribiré con más calma. Este artículo va por otros rumbos. Y la pregunta que me hago, o le lanzo a Cali, es por qué algunos conferencistas no extienden el Hay a esta ciudad. Gracias a Henry Eder y Harinera del Valle se invitó a la Icesi, para una charla, a Francisco Goldman, y a Mark Lynas, el ambientalista, para una conferencia. De resto, mutis por el foro.¿Qué pasa con la cultura en el Valle? Me preguntó Antonio Caballero. La verdad no supe responder. No hay ninguna explicación lógica para que Bogotá, Rioacha, Carmen de Bolívar, Barranquilla, Medellín, Pereira, inviten a varios escritores para compartir con ellos, y a Cali ni se le pase por la mente hacerlo.¿Dónde están las Secretarías de Educación Departamental y Municipal? ¿Por qué, aprovechando la infraestructura fenomenal de la Biblioteca Departamental o el Teatro Municipal, no se hace nada? ¿Y La Tertulia? ¿Nos quedamos en Salsa, Delirio y Petronio? Importantes. Sí. ¿Pero no damos para más?¿Dónde quedó el Concurso Literario Vivencias cuando escritores de la talla de Juan Rulfo, Camilo José Cela, Manuel Mejía Vallejo colmaban los auditorios? ¿Cuando se editaban revistas culturales de la talla de la Cábala? ¿Cuando La Tertulia, que precisamente se inició como un sitio para tertuliar con escritores, poetas y artistas, se queda impávida y rígida? ¿Ya quitarían las guaduas horrendas que la estaban ‘apuntalando’ y pretendían hacérnoslas pasar por arte?Cali fue capital cultural de Colombia, amén de la deportiva. Permitió que le arrancasen las palabras una a una, ahora deja agonizar Incolballet y cohonestada por la indiferencia de los caleños dejaremos llenar de moho el Coso de Cañaveralejo. Se desperdician esos espacios culturales del Centro Cultural y de la Biblioteca, no por culpa de sus directoras, mujeres llenas de ideas y proyectos, si no porque no encuentran el respaldo económico a sus iniciativas.La empresa privada, antes adalid de eventos culturales, ahora pasa de agache. Se les olvidó que la cultura es el único medio de abonar la Paz, de abrir mentes a nuevos horizontes. La fuerza de las palabras, el torrente de ideas, vivencias, propuestas que contienen los libros. La importancia de escuchar autores reconocidos mundialmente por sus aportes a las soluciones de violencia, a las denuncias de los horrores de las guerras, a la esperanza de encontrar la paz, parece que no tuvieran importancia para que llegaran a Cali, capital de uno de los departamentos más violentos, inequitativos y corruptos.Sigamos contoneándonos al ritmo de Cali Pachanguero hasta que volemos atomizados en el estallido de la bomba de tiempo que estamos incubando. Cali parece seguir a pie juntillas la famosa afirmación franquista “abajo la inteligencia”, y los libros y escritores que nos pueden enseñar algo, pues a ignorarlos. ¡Que abra el telón y el Delirio siga su función!P.D. Sara Araujo se lució como coordinadora del Hay Festival. Me le quito el sombrero así como siempre lo hago con Cristina de La Fuente, Peter Florence y los benefactores de este evento de talla mundial. Al Hay llegan los que tocan, no los que desean salir en las revistas con un violín de fondo. Esa es la diferencia. ¡La culpa no la tiene el violín!

VER COMENTARIOS
Columnistas