Gracias Martha

Enero 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

En el año 2006 la doctora Diana Currea, oncóloga de la Fundación Valle del Lili, una mujer fuera de serie, no solamente por su ojo clínico y esas manos privilegiadas como cirujana en cáncer de mama, sino por su dedicación desinteresada y esa vocación de servicio que la lleva a realizar campañas de prevención, a seguir paso a paso la evaluación de cada paciente, a llevar un mensaje de esperanza o sobrellevar un duelo, que se entrega a cientos de mujeres del oriente caleño que siempre son las más desprotegidas cuando se trata de esta enfermedad, azote del diablo que cada vez más se extiende en Cali, fundó el Capítulo Cali de la Fundación Ámese .Su mano derecha desde el inicio fue Martha Gutiérrez Cardona. Otra mujer bandera. Víctima de la enfermedad, fue operada por Diana, recibió con estoicismo su mastectomía radical, se sometió a las durezas de la sesiones de radio y quimioterapia.Ya en remisión se dedicó en cuerpo y alma a trabajar en Ámese, convirtiéndose en su directora y como un motor que funciona a millón de revoluciones por minuto, con una energía que brotaba desde el fondo mismo de sus entrañas y una pasión desbordada se entregó a llevar el mensaje de prevención a las mujeres más vulnerables, esas madres cabeza de familia, esas jovencitas que no tienen quién las guíe, esas miles de mujeres a las cuales las EPS y las clínicas las obligan, por desidia, burocracia o falta de interés a perder un tiempo precioso, que significa la vida o la muerte cuando se trata de combatir esta enfermedad.Hace dos años, reaparecieron las células locas. Martha continuó su vida como siempre. Ni la metástasis que ya le afectaba los huesos, ni los dolores al caminar le mermaron su actividad. Jamás se le escuchó una queja. Seguía compartiendo con otras mujeres con diagnóstico positivo en sus reuniones de apoyo, esas historias de rabia, dolor, frustración, esperanzas. Escuchándolas. Apoyándolas. Realizando proyectos.Martha siempre siguió “haciendo camino al andar”. Entregándose a los demás. Su sueño inacabado fue poder “tener una sede amplia y hermosa para la Fundación. Con jardines. Donde puedan llegar mujeres de esos lugares apartados del Valle para que puedan reposar, alimentarse bien después de esas sesiones fuertes y dolorosas... Sueño para que todas las Instituciones de Salud atiendan a tiempo a las mujeres y les den el tratamiento adecuado. La detección temprana puede salvarlas”.Las células locas al final ganaron la batalla. Martha jamás se rindió. La visité unos días antes de su partida. Su mente privilegiada llena de proyectos. Preocupada por los demás. Su mirada fuerte, inquisidora jamás se opacó. Le llevé duraznos. Su último antojo. Tal vez los disfrutó.Con Diana Currea, su amiga, su confidente y todas las mujeres que la conocimos, tenemos la responsabilidad de hacer realidad su SUEÑO. Gracias por tu ejemplo Martha. Te prometemos seguir impulsando tu legado y llevando tu mensaje. ¡Puedes descansar!

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