Facundo inmortal

Julio 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Sábado en la mañana. Suena el teléfono y un amigo, la voz entrecortada, me dice: “¡Mataron a Facundo Cabral en Guatemala!”. Siento un garrotazo en la nuca y un nudo en la garganta. Me lanzo al computador y empiezo una búsqueda frenética de todo lo que me acerque a él, a su vida, a su infancia, a ese último concierto de despedida, a sus frases. No quiero que se me escape. No quiero que se muera. No acepto que lo hayan asesinado. Mis dedos recorren Wikipedia, periódicos, youtube, emisoras. Sí. Lo mataron. Pero su voz jamás nos dejará. Ni su voz, ni sus mensajes, ni su historia de vagabundo enamorado de la vida y el amor.Tal vez esas ráfagas lograron lo impensable. Lanzarlo como un cohete a la inmortalidad. Ya su cuerpo frágil lo traicionaba. Su vida peregrina, su interminable caminar, estaban llegando a su fin. Un fin, a lo mejor soñado, mirando una puesta de sol y acariciando una flor, o rasgando lentamente las cuerdas de su guitarra. Pero la violencia y el odio le negaron este epílogo. Cayó el telón abruptamente. Su cuerpo destrozado, inerte, en el suelo frío de una estación de bomberos. Su camisa azul ensangrentada. No volverá a volar jamás.Garabateo notas. No tengo nada que decir sobre él. Prefiero dejarlo hablar. Cederle la palabra una vez más. Lo visualizo sentado en el escenario, con esa voz lenta y profunda que le brotaba desde el fondo de su corazón:- “Que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El bien es mucho más grande, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba hay millones de caricias que alimentan la vida”.- “Cuando estás en paz con la vida, te puedes morir en cualquier momento, porque viviste, no es que ganaste o perdiste. Sólo viviste”.- “Hay que cuidarse del que no canta, porque algo esconde”.- “La muerte es una puerta más. La muerte es un cambio de estadio. A mí me excita la idea. Sólo para el temeroso la muerte es un verdugo”.- “Nuestro paso por la tierra es tan corto que sufrir es una pérdida de tiempo”.- “Nada de lo material me aferra a este mundo. Voy ligero de equipaje. Caminé y aprendí”.- “Se gana y se pierde. Se sube y se baja. Se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupa tanto?”.- “Para velar a un cantor, con una milonga basta…”.Facundo, no es una milonga. Son miles de milongas y trovas y poemas, y cantos mezclados con lágrimas y rabia, y saetas agudas de dolor y amor los que ahora te están acompañando en tu nuevo nacimiento. A encontrarte con tus mentores amados: Whitman, Homero, Borges, Teresa de Calcuta, Ghandi, tu madre que te enseñó a reír y a dar gracias diariamente, con tu pequeña hija y tu esposa, y con ese Jesús que fue tu maestro y tu guía. Ya les contarás con tus trovas, rasgando esas cuerdas, que acá en esta tierra estamos en medio de un mar de odio, de sed de sangre, de locura y de venganza. Que nos ayuden a entender que lo único que vale la pena es el amor. Facundo. Ya caminas otros senderos. Ojalá algún día todos los que te quisimos te volvamos a encontrar. Mientras tanto seguiremos escuchando tus canciones. No eras de aquí. No eras de allá. Eras libre como el viento. Eras nuestro.

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