¿Exageramos?

¿Exageramos?

Octubre 30, 2017 - 11:55 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Me encantó el artículo de Carlina Toledo ‘#Me Too’ sobre el acoso a las mujeres. Objetivo. Imparcial. Además, me dejó pensando al respecto. ¿No estaremos exagerando un poco? ¿En qué momento de la Historia ‘el acoso’ se convirtió en epidemia? ¿Todos los hombres son unos enfermos sexuales y todas las mujeres sus víctimas?

¿Se nos ha olvidado acaso a nosotras las mujeres que tampoco somos una perita en dulce y que muchísimas veces manejamos extrañas artimañas para seducir y llamar la atención de los hombres? ¿Se nos olvida que podemos ser maquiavélicas y atrapar en una sutil telaraña a ese ‘objeto del deseo?

¿Oficialmente ‘recatadas’ y con caritas de “no matar una mosca”, tender la red? Hasta en los países donde es obligación llevar burka y andar tapadas de pies a cabeza, las mismas burkas tienen un lenguaje secreto para enviar mensajes seductores... y los abanicos del verano sus propios códigos amorosos o simplemente de atracción sexual.

En esa avalancha mediática de ‘acosadas’, ¿cuánto hay de honestidad? ¿No tuvieron las supuestas víctimas nada que ver en ese paseo? ¿No movieron ni un dedo ni hicieron pucheros o bajaron las pestañas postizas púdicamente? ¿O entrelazaron sus larguísimas piernas en inocente postura? ¿Despertando las ganas del ‘victimario’?

Esa epidemia tropical de aumentarse los glúteos, siliconarse los pechos, mostrar los ombligos con piercings y acortarse las faldas hasta el límite, ¿es simplemente para aumentar la autoestima? A otro perro con ese hueso. Es lo que vulgarmente en España se denomina andar de ‘calienta pollas’ y luego estremecerse y denunciar por ‘acoso’ al tipo que lance un piropo, una mirada lasciva o trate de arrimarse un poquito más.

Ignoro por qué a los hombres no les ha dado por andar con el aparato al aire o con pantalones transparentes. También estarían en su derecho a desarrollar su libre personalidad y mostrar sus atractivos. ¿Cómo calificaríamos esa conducta? ¿Irrespetuosa con las ‘castas susanas’ que prácticamente ya andan en bola?

En España existe una coplilla diciente... y no se considera machista. “(...) la que al andar se menea y al mirar, los ojos mece, yo no digo que lo sea, pero sí que lo parece”.

Una cosa es una violación, otra un acoso permanente de un jefe a su subordinada bajo la amenaza implícita de perder su empleo, la del señorito hijo de papi que abusa carnalmente de la empleada doméstica. (Olvidamos que hasta hace poco existió el ‘derecho de pernada’) y el mandato explícito de la Iglesia católica cuando existía El Concordato que decía que “era pecado mortal y causa de anulación no cumplir el ‘débito conyugal’ cuando el esposo lo requería, así estuviera borracho o en horarios y circunstancias inapropiadas”.

Eso es inaceptable. Merece que caiga el peso de la ley, pero otra cosa muy diferente es escandalizarse y estremecerse por un piropo, la galantería o un mensaje coqueto y denunciar al hombre por hacerlo.

El hombre, creo, es más primitivo en expresar su deseo o sentir el instinto, por eso muchas veces más frágil. Las mujeres somos más calmadas, pero más calculadoras y jodidas en muchas cosas. No califico esto ni malo ni bueno, son hechos. Entonces no juguemos tanto a ser víctimas, cuando hemos hecho hasta lo imposible por atrapar al ‘seductor’.

Estoy más allá de escandalizarme por nada, pero confieso que me repugna ver por la calle mujeres con traseros gigantes, tetas postizas, labios inflados y culifaldas, pretendiendo que ningún hombre las mire o intente arrimarse.

También acosamos, exigimos, jodemos y si nos da la gana, somos insoportables. Es hora de que aprendamos a diferenciar el acoso de la provocación. ¡Muchas veces somos las victimarias!

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