Estupidez homofóbica

Estupidez homofóbica

Noviembre 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Un niño de cinco años le dice a su mamá: “No juego con ese otro niño porque es gay”. La mamá al borde del desmayo le pregunta que si sabe “qué es ser gay” y el niño le contesta con picardía, “no sé que es, pero otros amiguitos me dijeron eso”…Diálogo infantil, pero que ya lleva encima la presión de los mayorcitos que empiezan a calificar a sus compañeros y a enseñarles a los más pequeños estos calificativos. Y los mayorcitos lo escuchan de sus papás, o de sus profes, o peor, de los procuradores, senadores, de la mano negra y sucia, síntoma de este país homofóbico, curuchupa, alcahuete con los curas y condenador de los que no están amparados por las biblias ni las sotanas.Las declaraciones del senador Gerlein no pueden ser más repugnantes. El Congreso, si tuviera un átomo de ética debería sancionarlo por sus palabras. Repugnante para nosotros, es verlo eternamente atornillado a su sillón de senador mientras le crece la panza, se le sube la cintura a las orejas, y se deja mantener por nuestros impuestos sin que haya propuesto algún proyecto que merezca la pena destacarse. Mejor dicho, su aporte a Colombia ha sido nulo. Su pelo o lo que le queda, engrasado de gomina, es igual de aceitoso que sus argucias politiqueras para conservar su sillón conservador hasta desfondarlo.No sólo la comunidad Lgtb debería manifestar su rechazo público, sino la sociedad civil, cualquiera que sea su identidad sexual. Estamos hasta las narices de las discriminaciones de raza, sexo, condición económica, ‘apellidos’, de marcas en los zapatos y camisas como si servir de vallas publicitarias nos diera más estatus.Hace mucho pasó la Inquisición, pero en Colombia no nos hemos dado cuenta. Hace años se terminó el Concordato pero en Colombia no nos hemos dado cuenta. Hace 400 años somos un país conformado por mezcla de razas, pero tampoco nos hemos dado cuenta. Es hora de respetar a las mujeres que deseen abortar, la identidad sexual, las creencias políticas y religiosas. Que nos demos cuenta de que todos somos hermanos, queramos o no queramos. Tenemos que unirnos en repudiar a los traficantes, a los delincuentes, a los que matan por un celular y lo venden porque encuentran quién lo compra sin importar la sangre que impregna.Más repugnante es ver a un Procurador que quiere reelegirse a punta de favores y puestos. Una Justicia inequitativa en sus salarios, los carruseles de contrataciones, los engaños al fisco, las muertes por la inoperancia y corrupción en el sistema de salud, las trampas en el sector educativo, ser testigos de la pelea de lavanderas muecas entre un expresidente sociópata y un exministro suyo.Ojalá se aprueben el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la adopción de menores por esas parejas. Seguro les darían mejor ejemplo a esas criaturas abandonadas que muchas parejas ‘formales’ que sólo les proporcionan maltratos, o exceso de juguetes y dinero sin amor.Seguimos siendo una sociedad enferma. De odios, de polarizaciones, de chanchullos, de críticas envenenadas, de zancadillas y envidias. La paz jamás se logrará mientras no sepamos desarmar los prejuicios y sigamos rotulando al otro como si fueran mercancía: “Gay, lesbiana, curuchupa, forajido, etc., etc”.Basta escuchar conversaciones al azar, programas de radio, opiniones sesgadas, descalificaciones arbitrarias. O cambiamos individualmente o seguiremos estancados, cayéndonos de “c..pal estanco”.P.D. Recomiendo dos libros honestos, valientes, de dos escritores homosexuales que pudieron enfrentarse a esta sociedad, reconocerse, aceptarse y ser felices. ‘Vista desde una acera’ de Fernando Molano y ‘La semblanza de una mariposa’ de Jorge Alberto Gardeazábal Delgado. A ver si aprendemos algo de estos seres maravillosos y de sus testimonios…

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