“Estoy enamorada de mi abuela”

Noviembre 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Estas palabras fueron las que le escribió Mariana su nieta, a Lucy Tejada. Cayeron como un bálsamo de amor. En la capilla del Liceo Benalcázar, su colegio, el que le enseñó las bases para ser libre, para seguir su propio camino, despedimos un grupo de caleños a esta mujer única, en su arte, en su forma de pensar, en su particular forma de ver la vida. Mientras escuchaba, con la piel de gallina el Ave María interpretado por la coral del Ensemble Lírico, el poema de Gonzalo Arango, el Decreto de Honores Póstumos de la Gobernación del Valle, las palabras emotivas y sobrias de un alto representante de la Cultura de Pereira; mientras miraba el ataúd de madera, grande para ese cuerpo frágil, pero pequeño para albergar su espíritu, y me acerque a ver por última vez su rostro, ya en paz y más allá de todas las mezquindades y avatares de la vida, tuve tiempo para reflexionar.Por ejemplo, en la ceguera de nosotros los caleños. La mezquindad, para repetir la palabra, absoluta, que impidió que su obra se quedara en la ciudad. La indiferencia cuando ella quiso regalarle a la Cali sus esculturas de ‘Las niñas juguetonas’, verdaderas obras de arte, y no recibió más que respuestas negativas, tanto de la Administración Municipal como de la empresa privada .Nos contentamos con tener ‘La negra del chontaduro’ y otros adefesios que pululan en el caos urbano.Igual sucedió con su hermano Hernando, uno de los artistas más completos, en todas las técnicas, que tuvimos. Se salvaron ‘Los Gatos’ y pare de contar. Cali les volvió la espalda a este par de hermanos que amaron, vivieron, sufrieron y aportaron a Cali sus vidas y sus obras. Pereira, la ciudad que los vio nacer, les abrió las puertas. En ella queda para siempre ese legado artístico que no supimos ni quisimos retener.Menos mal que la exministra afrodescendiente le otorgó en vida el Premio a ‘Toda una vida’. Pero en su último adiós, en la Capilla del Liceo, no se escuchó ningún mensaje de la Alcaldía, ni del Ministerio de Cultura.De Cali, la antigua ‘capital cultural de Colombia’, no queda nada. Los grandes que tuvimos se difuminan y desaparecen como la arena en el viento. Lucy, perdónanos. Te dejamos ir aún antes de tu partida. Fuiste muy grande para un pueblo pichicato y miope. Los que queremos seguir viendo tus obras viajaremos a Pereira, que te volvió a arropar con amor.Seguirán en mi retina sus niños que denuncian desde su inocencia. Que se esconden y mimetizan con los duendes para protegerse y observar seguros la horrenda realidad. Seguirán resonando en mis oídos tus frases filudas, tus comentarios sabios y punzantes. Mi corazón seguirá sintiendo tu calor y tu ternura. Mi mente recordando tu valor contestatario, que no se hipotecó jamás. Esa inteligencia audaz, mezclada con elegancia de espíritu y pundonor. Esas manos de seda que supieron fustigar y denunciar con delicadeza amarga la injusticia y el dolor.Tal vez, como escribe bellamente Isabel Peláez, el gato aún te espera “en esa catleya verde enclavada en las laderas de Cristo Rey donde sólo se perciben el aroma a orquídeas y el ruido de los árboles cuando sopla el viento”. Lucy, jamás te marcharás. Tu obra estará siempre grabada en los que tuvimos la fortuna de conocerte. Gracias por tu amistad.P.D. El jueves 10 es el banquete ofrecido por el Hotel Intercontinental en beneficio de la Fundación Alzheimer. No nos olvidemos de asistir, para ayudar a los que ya no pueden recordar. Tel 8926118.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad