El Valle de Upar

Agosto 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Aterrizar en Valledupar es llegar a un jardín. Ciudad privilegiada bañada por los ríos Badillo, Guatapurí, Cesar, Cesarito, río Seco y Mariangola. Enclavada entre la Sierra Nevada y la Serranía del Perijá.Solo en 1967 se convierte en la Capital del Cesar. Hasta ese año fue un apéndice del departamento del Magdalena. Era difícil acceder a ella, y se mantuvo muchísimo tiempo aislada del resto del país.Al llegar a un hotel pequeño, Casa Rosalía, a pocas cuadras de la Plaza Alfonso López, símbolo de la leyenda vallenata, enmarcada por la iglesia la casona, de la cacica Consuelo Araújo y otras residencias de arquitectura colonial con sus enormes patios interiores, me presentan al hermano de Ricardo Palmera, más conocido en el resto del país como Simón Trinidad.Por tercera mano le pido que me conceda unos minutos de su tiempo. Me dice amable pero firme que no acostumbra a dar entrevistas, menos sobre la historia de su hermano. Le prometo que hablaremos de otros temas.A las tres de la tarde nos encontramos en uno de los recintos de la casa. Hamacas. Sillas mecedoras. Abanico para los casi cuarenta grados de temperatura. Un asomo de brisa mueve las hojas de los helechos y los árboles. Yo personalmente me derrito.Jaime Palmera, el mayor de cuatro hermanos, dos mujeres y Ricardo-Simón, arquitecto. Como única referencia a su hermano me dice que jamás en su familia se dieron cuenta ni sospecharon que Ricardo se iría para el monte. A todos los cogió de sorpresa. Estaban acostumbrados a las charlas familiares sobre la inequidad social y la necesidad de cambios estructurales en la forma como se dirigía el país desde Bogotá.Todo se desata cuando empieza el gobierno central a asesinar los líderes de la UP. La izquierda en Colombia tenía como único futuro la muerte. Ricardo se marcha convencido que la única vía es el movimiento armado.Le pregunto sobre el proceso actual de paz. Responde firme que este proceso es absolutamente necesario y que debe llegar hasta el final, pero con un dejo de tristeza añade que no cree que el fin del proceso traiga la paz.“-Todavía hay mucho odio. Mis 71 años los he vivido en la guerra. El problema es cultural. En Colombia no existe una cultura de paz. Y este odio y esta violencia vienen desde la Colonia”.-“Respecto a Álvaro Uribe creo que es el mayor generador de odio que tiene Colombia. Y el fanatismo de sus seguidores les impide ver esta realidad”.Recuerda la ferocidad del Paramilitarismo en la zona... “los mandamases eran todos conocidos, liberales, conservadores, todos unidos en una sed de sangre sin ninguna ideología. Testaferros y cómplices de las peores masacres. Uno se los encuentra por la calle, todos sabemos quién es quién pero nadie habla del tema. Recuerda cuando se llevaron a su hermana a la salida de su casa, la ley era “ojo por ojo y mejor secuestrar mujeres”. Jaime se dedicó en esos ocho meses a liberarla.La familia toda se exiló al Paraguay. Jaime y sus hijos en Estados Unidos. Tienen doble nacionalidad. Jamás han tenido problema con las visas. Durante años ejerció como arquitecto en Washington y Chicago. Pero llegó la crisis y decidió regresar a su ciudad natal.Todavía no se a acostumbra al tráfico caótico de la ciudad, donde cada cual hace lo que quiere “aquí no me atrevo a manejar”. Es la ley de la selva, pero Valledupar es mucho más que el festival vallenato.“Los Partidos políticos son un desastre. Se acabaron la ideologías. Todos pelean a mordiscos por la tajada. Vergüenza”.“- Sí... Necesitamos la paz. En este momento es un ‘mal necesario’. No podemos seguir dejando que se maten entre campesinos. Los altos mandos de ningún lado van al Frente”.“Tenemos que dejar de etiquetarnos ‘guerrillero’, ‘comunista’, ‘uribista’, ‘fascista’, ‘paraco’, ‘oligarca’, ‘negro’, ‘indio’. Todos somos colombianos que tenemos derecho a vivir en paz”.

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