El pescador de Galilea

El pescador de Galilea

Enero 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Me sorprendí cuando hace ya algunos años, un sacerdote católico irlandés me dijo categórico: “Le pido que jamás dé limosna cuando vaya a misa... este dinerito lo usamos la mayoría de los curas como plata de bolsillo para rumbear, emborracharnos o visitar damiselas... este dinero jamás entra a contabilidad... recuérdelo siempre”.Siempre lo recuerdo, las pocas veces que asisto al ritual de la misa. Viví muchos años bajo la estricta férula de las monjas y la Iglesia Católica. Tal vez demasiados. En todo caso los suficientes para que me llenaran la cabeza de cucarachas, de temores infernales, de culpabilidades imaginarias, de terror al castigo, de la sensación permanente de vivir en pecado y posteriormente a la repugnancia casi física a los hábitos o las sotanas.Encontré la espiritualidad a través de Alcohólicos Anónimos. En la naturaleza. En prestar algún servicio con amor, en reservarme momentos de absoluta soledad, en descubrir que podía perdonarme para poder perdonar. Personalmente y con el debido respeto, soy alérgica a cualquier tipo de cultos o iglesias. Ya sean estas católicas, cristianas, batistas, protestantes, judías, mormonas, cuáqueras, lo que sean.Pienso con frecuencia en aquel joven revolucionario de Galilea. En cómo su mensaje de amor, perdón, igualdad, equidad, generosidad y servicio lo fueron prostituyendo y distorsionando a través de los cultos y los años. Cómo ese mensaje elemental y profundo se convirtió en símbolo de poder y política. De dinero y traición, de inquisiciones y genocidios, de discriminación brutal hacia la mujer.Cómo las Iglesias se autoadjudicaron la libertad de asesinar en “nombre de Dios”. Cómo civilizaciones enteras desaparecieron bajo el mandato de la Cruz Sagrada. Cómo todos aquellos que pensaban diferente estaban condenados a morir. En fin. Esa es la historia. Nadie puede cambiarla.Pienso en ese revolucionario pescador de Galilea, convertido en Jesucristo Internacional. No se puede revolcar en la tumba porque resucitó. Pero qué alejado se debe sentir donde esté, de lo que fueron su vida y su ejemplo y en lo que lo han convertido.La Iglesia Moreno Piraquive es solo la punta de un iceberg. Mientras sus mofletudos propietarios, mal llamados pastores, se forran y hacen pactos políticos, el pueblo raso convertido en rebaño de imbéciles depositan su salario y se creen el cuento. Los políticos de turno se hacen los idiotas porque cualquier confrontación les puede salir cara en votos.Una cosa es un país con libertad de cultos y otra muy diferente la permisividad de las leyes en cuanto al silencio frente al ordeño económico de sus fieles. Grotesco que no tributen. Que no rindan cuentas a nadie. Que en Colombia y en nombre de Dios se siga permitiendo ese contubernio político-religioso.Pero “tanto le da el diablo a su hijo hasta que al fin lo dejó tuerto...”. Ojalá esta rasgadura en los ornamentos de la Iglesia Piraquive no se quede en la puntita no más y llegue hasta el fondo Y con las otras iglesias también. Y que los fieles recuerden como yo “que no se debe dar dinero en las misas...”. Dios NO está en esos recintos. Ténganlo por seguro. Mejor miren un atardecer.

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