El mejor regalo de la vida

El mejor regalo de la vida

Diciembre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Faltan pocos días para celebrar lo que celebramos desde que nacimos. A pesar de que todo se ha vuelto una competencia comercial bochornosa, de que los árboles llenos de nieve que cae sin cesar a 309 grados de temperatura y viejitos colorados con narices moradas y vestidos de lana con gorro y gafitas nos gritan cada cinco segundos Jo Jo Jo, y los niños pequeños aullan y se esconden en donde pueden y los mayorcitos se codean y se ríen entre ellos, refiriéndose obviamente a lo idiotas que son los papas y los abuelos que todavía pretenden que se traguen completo el cuento de la chimenea, y como si fuera poco el Papa actual decida sacar de un patadón a la mula y el buey del pesebre, los únicos reales, amables y tiernos que acompañaban al niño Dios sin pedirle nada, con amor incondicional, porque no me vengan con cuentos, los Reyes magos son tenebrosos, llenos de joyas, de cajas secretas, de inciensos con olores extraños, haciendo reverencias, engalanados de oropeles ante un niño indefenso, tendido entre pajas, un papá silencioso y meditabundo y una mamá perfectamente arrodillada y angelical como si no acabara de parir.Me duelen la mula y el buey. Estos dos animales forman parte de todos los que nacimos matriculados en el catolicismo. No sé si es que los Papas no tienen nada más que hacer. A uno le dio por quitar el infierno y el purgatorio. Otro de un empujón saco del cielo a cantidades de santos, dejándonos huérfanos de santa Bárbara que nos protegía de los rayos y de santa Lucía que nos libraba del mal de ojo.Sin embargo quiero referirme al mejor regalo que la vida nos da. La Amistad. Así, con mayúsculas. La Amistad, que ni se busca, ni se compra, ni se adquiere, hace posible que dos seres humanos, hombres o mujeres, que no se conocen entre ellos, no tienen vínculos familiares, ni la misma cultura, muchas veces ni las mismas creencias, se encuentren y se forme entre ellos un lazo misterioso, fuerte, irrompible, que significa en concepto de muchos terapistas “la forma más delicada del amor”, que permite compartir confidencias, estar presentes emocionalmente en todo momento, quererse incondicionalmente, sin connotaciones sexuales ni pasionales, que permite formar almas gemelas que seguirán siempre juntas aunque no se vean todos los días, que hace posible tener fe y confianza en un mundo lleno de trampas e intereses creados. La amistad que admite confrontaciones, que no admite falsedades, la verdadera, repito, es el mejor regalo de la vida.He sido una privilegiada. La vida me regalo amigas y amigos que me han acompañado desde la infancia, otros que llegaron en la madurez, que siempre han estado presentes en todas las circunstancias. Alegrías, dolores, depresiones, celebraciones. Amistades, sí, pocas pero reales, con quienes he podido reírme a carcajadas o llorar a mares. Compartir confidencias y recibirlas. Escuchar consejos fuertes y duros. Jamás una mentira. Jamás una traición. A todos ellos les digo simplemente Gracias por existir en mi vida. Sin ellos no habría logrado seguir el camino.Recuerdo las palabras del doctor Martin Wartenberg al final del homenaje que le rindió Cali entero: “La amistad, cuando es verdadera, es entre todas las virtudes humanas la de más categoría, la que nos proporciona las mayores alegrías. También la que nos depara las mayores amarguras si en alguna ocasión la vemos traicionada...”.Un amigo traidor es más doloroso que una puñalada. La verdadera amistad jamás se puede traicionar. “Qué triste se queda el alma cuando un amigo se va...”.

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