El escándalo de Clementina

Junio 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Casi nunca escucho radio. Cuando voy en el carro, prendo ocasionalmente la W y zappeo a Caracol, por las mañanas. Me tocó de papaya. Con el anuncio de la posibilidad de vender el edificio de la antigua FES entrevistaron a Clementina Vélez, una concejal vitalicia que tenemos en Cali desde las épocas de Sebastián de Belalcázar, y que así no se sepa mucho qué hace ni qué deja de hacer, tiene sus votos amarraditos para jamás dejar la curul. Como buena política, al son que le tocan bailan, y es inamovible como Iragorri o Gerlein en el Senado, que ya tienen los asientos pegados a sus honorables traseros.Las lamentaciones de Clementina, las arengas con trémolo incluido y el desgarre de garganta y vestiduras ante esa posibilidad, me produjeron risa. Risa nerviosa. Esto es Macondo. Ojalá todos los caleños la hubiéramos escuchado. Su voz patética afirmaba que vender el edificio donde funciona el Centro Cultural de Cali era equiparable a un crimen de lesa majestad. Así de horrible y trágico. Sostenía que sentía vergüenza ajena. Que le iban a robar al Municipio un patrimonio cultural e histórico. Que el alcalde Guerrero (palabras más palabras menos) estaba dispuesto a acabar con ese sagrado recinto de la cultura. Más o menos que era un Atila moderno, que por donde pasaba no volvía a crecer la yerba...Me extraña que nuestra Concejal vitalicia, que está en su curul desde la fundación del pueblo, no sepa que ese edificio, diseñado por Salmona (q.e.p.d.) y otros arquitectos del terruño, fue diseñado para las oficinas de la FES. Y así me maten, por muy Salmona que sea, es un adefesio en semejante sitio, lo único que nos queda, eso sí del patrimonio colonial. Mientras Hugo Borrero (q.e.p.d.) restauraba la casona colonial para Seguros Bolívar, se demolía esa cuadra para poner ese monumento de ladrillo a la vista. Tampoco debe saber doña Clementina que fue en la alcaldía de Mauricio Guzmán, cuando la FES entró en liquidación (cosa aberrante resultado de intrigas caleñas), quien lo compró dizque para Centro Cultural. Inclusive se especuló sobre un posible peculado. No me consta pero se rumoró con fuerza. O sea, que jamás ese edificio ha sido ni sera patrimonio nuestro. Ni cultural ni arquitectónico.Además, nada más inadecuado para un Centro Cultural que su diseño. Fue hecho para oficinas. Y punto. Su patio-auditorio es un simulacro de ambos. Corredores extraños, vericuetos, pasadizos que no conducen a nada. O sea, que si se trata de un Centro Cultural, nada más anticultura que ese inmueble. No corre el aire. No existe la luz. Servirá de todo menos para la cultura. Tal vez para paracicar el escondite, como se estila en las ‘chiquitecas’ actuales, antros con licencia.Lo que el alcalde Guerrero propone es un acierto. Porque es un cañengo de los muchos, que administraciones anteriores le han zampado al Municipio. Su mantenimiento es escandaloso. Así como otros edificios como los de San Marino, Fuente Versalles, Sorrento, oficinas en el BIC y casas. Todos estos elefantes muertos, fueron goles que anteriores administraciones inescrupulosas, o mejor dicho proclives al peculado y el derroche, por no decir corrupción, le metieron a Cali. Y Cali jamás tuvo veedor, ni concejales, ni dolientes. Me pregunto, ¿dónde estaba nuestra vitalicia Clementina cuando se autorizaban esas compras? O fue que no se dieron cuenta y todo fue a las espaldas de los ediles... Lo que no es de extrañar, pues es frecuente. Los elefantes se pasean a sus anchas por toda la Nación.Bien por el alcalde Guerrero. Que se haga un inventario de los cañengos. Que los que no sirvan y cuesten, que se vendan, y que se investigue cuáles fueron las administraciones anteriores que le metieron semejantes obligaciones al Municipio, sin ningún beneficio. Alguien, y si no es Guerrero, quién, le debe poner el  cascabel a estos gatos silvestres, que se comen todo, menos las ratas.P.D. Bien por la cantidad de caleños, cada vez mayor, que se niegan rotundamente a ver la serie sobre Pablo Escobar. Todavía quedan principios. No todo está perdido.

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