El Día Mundial de la Blasfemia

Octubre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Curioso este lunes soleado en Bogotá. Curioso porque se celebra en las emisoras el ‘Día Mundial de la Blasfemia’ y las palabrotas e insultos salen al aire como vapor de olla pitadora. Sin embargo, creo que en este país el día de la blasfemia son todos, desde que los españoles llegaron y montados en sus caballos, con sus armas de pólvora, empezaron a matar indios mientras les gritaban todas las palabrotas condensadas en la Real Academia. Hijo de la gran... Que te den por el... Zorrón desorejado... Barraganas... etc. Cuando llegó la Inquisición, se condenaba a la pira a los ‘blasfemos’ y los poseedores de la verdad celestial acompañaban el chamuscar de la carne blasfema con otras blasfemas... Hijo de Satanás, cerdos impíos...A medida de que nos fuimos ‘civilizando’ los epítetos cambiaron, o mejor, se convirtieron en ‘políticamente correctos’. Ya un expresidente vociferaba ante los micrófonos “Te doy en la cara marica”. Los adversarios políticos son “grandisimos bellacos”. Los que piensan diferente son asesinos, guerrilleros, zarrapastrosos, malevos, infames, maledicentes, turbios, bollo perfumado, desechable, alucinado.Basta leer los ‘foros abiertos’ que se inventaron los periódicos con el utópico propósito de dar la palabra a los lectores, cuyo resultado fue que se convirtieron en un sumidero de aguas negras, en el que los columnistas de opinión tenemos que aguantar insultos soeces, sin que tengamos derecho al ladrido, porque estaríamos “violando la libertad de expresión”. Valdría la pena que los medios reconsideraran esa práctica, ya que la mayoría de vejámenes se esconden tras seudónimos y anónimos, hombres y mujeres incapaces de dar la cara ni firmar con nombre y apellido. Recuerdo que hace un tiempo los invite, desde una columna, a poner la cara, compartir un café y a hablar de frentón. Ninguno respondió.Personalmente me resbalan. La mayoría de veces no los leo, pero cuando lo hago ya sé que salen a relucir los mismos con los mismos adjetivos, que no escribo aquí porque me cuelgan la columna. Y así queremos o pretendemos ser un país donde se pregona la democracia, la inclusión, se rechaza el racismo, se respetan las ideas. Mentira. Este es un país, como dice Montenegro, de “Partidos sin ideas”, “Ideas sin partidos”, y no solo en cuanto a política se refiere. La mayoría de la gente no da la cara, no cita nombres propios, no acusa o se defiende con nombre y apellido.La triste realidad es que tenemos un país cada vez más polarizado, en el que ser partidario de la paz condena al fuego eterno, y que los que la atacan lo hacen por agarrar un segmento de la población, para sumar votos y volverse a montar en el poder. Lo único que nos falta es NO hacer la Paz, y seguirnos matando por nada y por todo; seguir enviando nuestros campesinos a que se maten entre ellos, como se ha hecho desde la Colonia hasta hoy.Cito de nuevo a Montenegro: “El Gran Acuerdo Nacional no se ve por ningún lado y es improbable que se alcance en un futuro próximo. Porque la política en Colombia se convirtió en la repartija de las instituciones del Estado”, y todo se arregla o se zanja, o con insultos y amenazas, con corruptelas y arreglos debajo de la mesa.Volviendo al día de las blasfemias, recuerdo dos días antes de mi primera comunión, aterrorizada ante una monja de bigotes y olor agrio que me preguntaba: “¿Ha dicho ...ajo? -No madre... ¿Entonces ...ejp? -No madre. ¿Acaso ...uta? -No madre, lo que dije fue ...erda.” Pecado mortal. Confesión o paila eterna. Después de ese interrogatorio empecé a utilizar todos los adjetivos de la Real Academia, sin pudor. Además ahora que sé que mis antepasados eran judíos conversos a los que apodaban ‘Marranos’...

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