El cangrejo amotinado

El cangrejo amotinado

Mayo 22, 2017 - 11:55 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Me apropio del título del último libro de cuentos de Medardo Arias Satizábal. No sólo porque este magnífico escritor y periodista nació en Buenaventura, sino que es un título que refleja la durísima realidad de lo que está sucediendo en su ciudad natal.

El año anterior, por esta época fuimos al evento cultural Hola Ventura. Periodistas, presidente y gabinete. Coordinado magistralmente por la gobernadora Dilian Francisca Toro y su dinámico equipo.

Recuerdo que escribí una columna, hechizada por la belleza deslumbrante de esa bahía rodeada de manglares, esos atardeceres, esa naturaleza pródiga, por donde atracan y salen la mayoría de las exportaciones e importaciones que generan riqueza a el resto del país. El Puerto, la Plaza -boulevard, su iglesia, el hotel Estación y el Radisson, espectaculares.

Sus habitantes alegres, llenos de tradiciones ancestrales y riquezas gastronómicas, artesanales, musicales. Una población negra, descendiente de esclavos africanos, que supo conservar sus raíces.
Una población ignorada durante siglos por el brutal y despiadado centralismo de nuestro Gobierno. Una población a la que no han parado de mentirle, y me consta, desde que yo me acuerdo. Una población apartada de todo derecho a una vida digna, a educación, a salud, a agua potable, a empleo.

Esto no es culpa nueva. Años y años de corrupción política, administrativa, empresarial. ¿‘Remember’ Colpuertos? ¿‘Remember’ la Flota Mercante? ¿‘Remember’ el Ferrocarril?

Buenaventura es responsabilidad de toda Colombia. No del departamento del Valle. Sé que la anterior administración hizo lo que pudo, lo mismo la actual. Pero la corrupción política, el narcotráfico, las bandas criminales y la indiferencia de sucesivos presidentes y ministros pomposos se remontan a más de un siglo.

El Valle del Cauca, todos sus municipios, deberíamos solidarizarnos con esta protesta legitima, justa. Que es un grito salido de las entrañas de sus habitantes, hartos de soportar ser tratados como ciudadanos de tercera, de ser manipulados, de ser estafados, de no tener cubiertas ni siquiera sus necesidades básicas.

No hay derecho a que sus casas se bamboleen al estilo de las mareas, levantadas en madera, sin alcantarillado. No hay derecho al desempleo que la hiere, mientras veo pasar en sus narices las fuentes de riqueza del resto del país.

Este grito no se arregla con gases ni represiones. Es la dignidad lo que se juega. La dignidad de una raza que siempre ha sido menospreciada y creemos que con declararlos ‘afrocolombianos’ les estamos devolviendo su dignidad.

Me uno a la protesta de los bonaverenses. Este Puerto lo visito desde pequeña y he sido testigo del maltrato y la indiferencia a que ha sido sometido.

La gobernadora Dilian Francisca Toro tiene el derecho y la obligación de exigirle al Gobierno Central que reconozca que este es un problema de todos los colombianos .Y de todos sus dirigentes. No más mentiras. No más promesas sin cumplir. Vallecaucanos, apoyemos estas marchas que claman sus derechos.

PD. Medardo. Colega. Amigo. Me encantaron tus cuentos. Sobre todo: El año que viene vuelvo. La marca Alejandrina recuerda. Preguntas en el patio. Y sobre todo Cachimbo va a los Yores, donde nos cuentas algo de tu tierra “donde los niños corren desnudos desde el basurero marino hasta la puerta del bar que se anuncia sobre la calle con un timón destrozado por el salitre...”, “...y la lengua de la ola sube hasta los desperdicios y regresa dejando la arena erizada de pequeños caracoles y cangrejos de caparazón azul que tijeretean como lanzando advertencias...”.

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