El caballero de la mano en el alma

Febrero 27, 2017 - 11:55 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Así llamaba a Alfonso Bonilla Aragón su amigo el poeta Eduardo Carranza. Por azares del destino, siendo directora del Instituto Colombiano de Cultura, se realizó un homenaje a Bonar, como firmaba sus contundentes columnas de opinión. El invitado de honor era el poeta Carranza quien, ya muy enfermo, no pudo asistir. Envió desde Bogotá sus palabras, -las últimas escritas de su puño y letra- siendo yo la privilegiada mensajera. Algunos de sus párrafos:

- “...Y la palabra Cali, desde entonces, me perfuma el recuerdo, la poesía, la sangre, el tiempo. Y el verano, y un nombre y otro nombre... Y mis sueños. Y ya era Cali un Sueño atravesado por un río...”.

- “...También en Cali me sucedieron dos amigos. Antonio Llanos, sonámbulo de Dios. Juglar de Dios. Antonio que mordía la manzana del Cielo y del Infierno, perdido y encontrado en su floresta enardecida donde iban los azulados, los cálidos fantasmas del corazón balbuciendo su secreto...

...Y Alfonso Bonilla Aragón. El Caballero de la Mano en el Alma. El trovador de Cali, hecho del limo más puro y más hermoso de la Comarca. El Hidalgo vertical con su luminosa palabra tejida del río y la palmera y la torre y el sol, y las frutas y la garza y la tarde y el viento y el guadual y la luna y el aroma y la sombra y el paso y las miradas y el silencio de las muchachas de Cali...

Su palabra era amor, amor de su comarca. Y huele a Valle del Cauca recién amanecido y a magnolia lasciva y a piel amada y a azahar nupcial bajo la lluvia del arroz nupcial...”.

- “Alfonso: compañero de viaje, amigo mío hasta las lágrimas. Príncipe de la Libertad. Guerrillero de la Justicia. Del Amor. Del Ensueño. De la Poesía. En Cali, en donde el cielo anda por las calles como un hombre. En Cali: por donde ha pasado Don Quijote Bonilla Aragón”.

- “...ahora -llenos de tiempo los cabellos, grises de polvo los zapatos, pero todavía con música y hojas verdes en las palabras y el silencio- vuelvo de muy lejos amada Cali, a ti la perpetuamente joven, a mirarte a los ojos, a decirte de nuevo que te quiero... Y que sigues siendo mi última tierra lejana. Y decirles a Antonio Llanos y a Alfonso Bonilla Aragón que ‘nuestros corazones latirán más ya muertos’...”.

Mañana, en La Tertulia, se le rendirá un homenaje a Alfonso Bonilla Aragón, publicando una recopilación de algunos perfiles de ‘Paisanos’ que conoció en su peregrinar por su tierra amada.

Este libro bellamente editado por la Universidad del Valle sale a la luz en momentos cruciales para el Valle y Cali, que desde hace años están perdiendo su identidad y olvidando su historia, arrasados por la amnesia y la pérdida de valores, como si el mismo río en una de sus enfurecidas crecientes quisiera borrar el rastro de todo lo que algún día tuvimos y muy poco pudimos salvar.

Por sus páginas aparecen perfiles de prohombres como Manuel Carvajal Sinisterra, Manuel María Buenaventura, Ramiro Guerrero, Tomás Uribe Uribe, Bernardo Garcés Córdoba, Alberto Galindo Herrera, Aníbal Mera Caicedo, Nicolás Ramos Gómez, José Otoya Rengifo y Demetrio García Vásquez, entre otros, salpicados de otros escritos fustigantes que cuestionan nuestra mentalidad individualista y pastoril que él bautiza como la sagrada orden del bramadero y denuncia la masacre de Barragán.

Quedaron por fuera algunos de sus queridos amigos. Plumitas, Joaquín Paz, Libardo Rivera, Álvaro Bejarano, Joaquín Losada, Nelson Jaramillo Estrada, Edmond Cobo y aunque aparece la mención del ‘matriarcado’ caleño quedan pendientes los perfiles de mujeres como Maritza Uribe de Urdinola y otras que sacudieron la ciudad sacándola de su marasmo pastoril.

Gracias a Ximena Bonilla Pereira, su hija amada, fue posible esta recopilación. Labor amorosa, me imagino salpicada de lágrimas y recuerdos de este hombre irrepetible que fue además el patriarca que ayudó a guiar su comarca, con esa inteligencia fustigante a veces, pero siempre llena de pasión.

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