Despedida de amor

Despedida de amor

Febrero 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Carta a Armando Rivera Zamorano.La urna de madera con tus cenizas en una pequeña mesa cubierta de un mantel blanco. Unas rosas también blancas te acompañaban. La iglesia del Cali tradicional, donde nos confesamos tantas veces de adolescentes, luego nos casamos y que ha sido testigo de la ciudad estaba al tope.Creo que estabas presente mirando esta manifestación de amor. No de otra manera puedo calificar esta despedida. Tenías que sentir cómo todos teníamos ahogadas las gargantas por un nudo que apretaba cada vez más. El padre Uribe y el padre Hadad fueron los concelebrantes y el coro conformado por tus nietos elevaba hasta el infinito esas voces cristalinas y diáfanas.Tu huella quedará siempre en la impronta de todos los que te conocimos. Como diría Lorca, ninguno olvidaremos “que tu sonrisa era un canto de gracia y de inteligencia”. Tampoco olvidaremos el sentido sagrado que tenías de la amistad y esa dedicación absoluta e incondicional que mantuviste en tus años de ginecólogo, ayudando a traer al mundo esa otra familia extensa que creció y ahora son profesionales y padres.Personalmente te debo la vida de mis primeros hijos. Los mellizos que al nacer prematuramente eran prácticamente inviables. Solo tu tesón, tu profesionalidad y tu entrega lograron que vivieran. Jamás olvidaré ese cariño y esos lazos eternos de amistad que fuimos entre tejiendo, aunque nos vieramos muy poco, casi nunca. También te debo parte de mi recuperación de mi alcoholismo, en una ocasión que empecé a recaer.Recuerdo como si fuera ayer cuando “Macondo estrenó Club” y tú fuiste su primer Presidente. Cuando Nora Olano, arquitecta sensacional y vanguardista le entregó a Cali el Club Colombia nuevo. Te recuerdo radiante. Siempre fuiste el mejor anfitrión. Tu hidalguía y elegancia innatas marcaron nuevos derroteros en esa sociedad caleña que apenas empezaba a sacudirse el olor a fincas y ordeño.Tuviste una mujer de bandera a tu lado. Gloria fue no solamente la mujer que amaste, sino la compañera solidaria en los momentos difíciles. Parte de ese nudo que nos ahogaba a todos en tu despedida era ver ese dolor inmenso, infinito, inenarrable de ella, esa noche del miércoles mientras las voces de los nietos elevaban melodías y la biznieta subía al pulpito para decirte cuánto te quería.En fin Armando, que nos cuesta aceptar que ya partiste. Porque así en los últimos años hubieras preferido vivir en la compañía de tu familia y en la intimidad de tu hogar, todos los que abarrotamos esa Iglesia sabíamos de alguna manera que estabas con nosotros.Con tu muerte, Cali, los caleños que tuvimos la fortuna de conocerte y compartir tu amistad también hemos quedado con un desgarro en el alma, huérfanos, lo mismo que esos cientos de hijos que ayudaste a nacer.Me robé una rosa blanca de tu urna. La tengo como símbolo de tu presencia. Estoy segura que desde esa otra dimensión que no conocemos, pudiste ver y sentir esa manifestación de amor. Fuiste el jefe de tu tribu... Gloria, tus hijos, tus nietos y biznietos. A ellos entregaste tu vida y tu amor. Armando Rivera Zamorano. Paz en tu nueva dimensión.

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