Colombia en Asturias

Junio 29, 2010 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

El Auditorio Príncipe Felipe en Oviedo, la bellísima capital de Asturias, a reventar. La Orquesta Filarmónica de Oviedo, la soprano asturiana Beatriz Díaz y el director colombiano Alejandro Posada hipnotizaron a más de mil asistentes con arias de Verdi, Bizet, Puccini y clásicos colombianos como ‘Yo me llamo cumbia’, ‘Pueblito Viejo’, ‘Prende la vela’. La ceremonia se inició con el himno a Asturias y nuestro Himno Nacional, interpretado por más de 50 músicos con violines, cellos, piano, flautas, trompetas, oboes y tambores, que arrancaron más de una furtiva y pusieron la piel de gallina a la mayoría, entre los que se encontraban las principales personalidades del Gobierno de Oviedo, así como el Embajador encargado de Colombia en Madrid .Concierto organizado por el sacerdote José Pérez Álvarez, fundador de la Organización Padrinos Asturianos que apadrina casi mil niños caleños para sacarlos definitivamente de su no futuro, y garantizarles educación escolar, universitaria y reinserción total a la sociedad.Mientras me secaba la furtiva, no tan furtiva, y miraba desde el palco de honor, los miles de asistentes, inundados por esas notas vibrantes, la voz privilegiada de una de las mejores sopranos europeas y sentía vibrar al director Posada, joven que triunfa como director en Alemania, Francia y España, sentía que esa música pasaba el Atlántico y volaba los miles de kilómetros que nos separan geográficamente. No sé si la audiencia sabía que con su asistencia estaba ayudando a niños del Hormiguero, Cascajal, El Poblado o Llanogrande. No sé si sabían que esas notas servirían para sacarlos de las condiciones de pobreza absoluta y desesperanza y garantizarles un futuro de educación y oportunidades. Los sentía vibrar con el ritmo de la cumbia y llevar la cadencia nostálgica del bambuco. Los vi aplaudir hasta rabiar, en ovación de pie, al final del concierto. Asturias y Colombia unidas por la música. Dándole un sentido real y tangible a la conmemoración de un Bicentenario que lleva muchas de cal y de arena. Unidas las notas que surcaron el mar.El sacerdote José Pérez Álvarez ya es mitad vallecaucano y mitad español. Con su labor de responsabilidad social en el Ingenio Providencia durante más de 20 años, logró la transformación total de los corteros de caña y trabajadores rasos de esa empresa. Ya jubilado y de nuevo en su Oviedo natal, ciudad por demás preciosa, enclavada entre colinas y cerca al Cantábrico que la baña de frescura y olor a mar, no se quedó quieto. Organizó ‘Padrinos Asturianos’, fundación que ya apadrina casi mil niños. Que les garantiza una vida diferente. Su seguimiento es riguroso, y cada padrino sabe que su ahijado, así jamás lo conozca personalmente, tendrá todas las oportunidades para desarrollarse con la dignidad que todo ser humano merece.Como caleña, como invitada privilegiada a este concierto mágico que se quedó clavado en el alma para siempre, quiero agradecer, desde esta columna de mi terruño a Pepe Pérez, como cariñosamente lo llaman, a Misael Campos, coordinador del evento, a la Orquesta Filarmónica de Oviedo, más sus integrantes, al director colombiano Alejandro Posada y a la soprano Beatriz Díaz su entrega, su regalo inconmensurable a Cali. Agradecerles en nombre de esos miles de niños que ya tienen garantizado un futuro mejor, porque en Asturias, en Oviedo, existe un puñado de ciudadanos que les ayudan a surgir. Si sus padres biológicos los abandonaron, tienen padrinos asturianos que les quieren y les cuidan. Dios los bendiga.

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