Cedo la palabra

Cedo la palabra

Diciembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Me encuentro un artículo de mi mamá. Le cedo la palabra. Hoy ya hace 14 años celebramos juntas, con sus nietos, hijas y biznietos la última Navidad. Ese 23 de diciembre Casablanca, ‘el gran útero’ resplandeció por última vez. El enorme comedor engalanado con pavos, buñuelos, natillas y hojaldras elaborados por Anita. La artífice de todas las delicias culinarias. Las lámparas iluminaban la casona que resplandecía como un faro. No sabíamos que al otro día, el 24 al amanecer, la encontraríamos dormida, en un sueño eterno. Tal vez escuchando todavía las voces de los nietos, los villancicos y sintiendo todavía el abrazo amoroso de todos. La casona cerró sus puertas para siempre como en Las Acacias.Con los años entendemos que las mamás nunca se mueren, quedan siempre vivas aunque no podamos verlas. Por eso siempre, los 23 de diciembre celebro con mis hijos y nietos y la primada Becerra un homenaje a la vida. No lloramos su muerte, recordamos con natillas y buñuelos, aunque sin Anita. Esa vida maravillosa que La Mamamá compartió con nosotros. Por eso hoy, día de su homenaje, le cedo la palabra. Un artículo suyo, con esa prosa impecable, publicado en El País hace muchos años.“¿Quién es su médico? -Le preguntaron al sabio- Mi médico, replicó, es un caballo. Por eso iré desgranando anécdotas con sabor a cagajón, caballos y pesebrera.Pertenezco a la vieja guardia. Soy hípica de “nación”. Me criaron con leche de yegua y posiblemente comí la hierba del desapego: una que comen los caballos en las praderas salvajes y nunca más vuelven a ser normales. Crecí cabalgando potros cabrios bueyes mansos. Y de “chalan de zamarros” pasé a ser “jinete de alta escuela”. Ahora estoy feliz. Práctico el adiestramiento.Creo en la equitación. En el vinculo imperecedero que une a sus adeptos. Les envío un saludo corcoveador a todos. Me siento orgullosa tascando el freno. A los antiguos compañeros les digo “no a tierra, sí a caballo”. Y a los noveles que no se desanimen. Si se caen, levántense y monten de nuevo. Se los digo yo que me he caído en las sesenta y cinco posiciones que describe el libro del matrimonio cristiano.Y sigan un consejo: A los caballos fogosos, como a los hombres ídem. Mano suave y mucha pierna. Hasta pronto...”.Esta noche. En la becerrada, comentaremos otras anécdotas y recordaremos momentos imperecederos que vivimos todos al lado de esta mujer bandera, amorosa, arisca, inteligente, escritora, rebelde, divertida, que hace catorce años brindó con champaña, recitó poemas y nos abrazó a todos, uno por uno, tal vez sabiendo, ella sí nosotros no, que era un abrazo final largo como un túnel, pero que seguiríamos sintiendo ese calor tibio y lleno de amor todos los días de nuestra vida.Brindo por la vida. La muerte no gana cuando el amor permanece intacto. La Mamamá decidió dormirse a la víspera de que el Niño de Belén llegara. Ambos. Símbolos de amor.¡Feliz Navidad!

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