Catecismo astete

Catecismo Astete

Septiembre 18, 2017 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

-¿Qué es fe? Creer en lo que no vemos porque Dios lo ha revelado.

-¿Somos cristianos? Sí, por la Gracia de Dios.

-¿Cuántas veces tenemos que santiguarnos? Al levantarnos, al salir de la casa, al entrar a la casa, al pasar por una iglesia, al comer y al dormir.

-¿Pecados contra la Santa Madre Iglesia? Jurar su Santo Nombre en vano. No asistir a misa todos los domingos y fiestas de guardar. No practicar el ayuno y la abstinencia.

Así estamos. Leo en un titular que “por qué en Cali hay tantos ciclistas atropellados”. Respondo con convicción, porque desgraciadamente ellos infringen todas las normas: zigzaguean, se meten en contravía, no tienen luces traseras, dan la vuelta en ‘U’, compiten con los motociclistas y son una amenaza para los conductores. No tienen dios ni ley. No existe autoridad que los contenga. Personalmente cada vez que llego a mi casa ilesa y sin haber atropellado a un ‘ciclo-atarván’ le doy gracias a mi ángel de la guarda, que es mi copiloto. No es cierto que los conductores de carros seamos la amenaza que nos quieren endilgar.

Igual sucede con las motocicletas. Una verdadera horda de ellas en las horas pico se apelotonan entre cada carril, las hacen sonar con ruidos tenebrosos acelerándolas en seco, llevando pasajeros o cargas inimaginables, metiéndose por donde pueden, golpeando retrovisores, atravesándose de izquierda a derecha, el frente y por cuanto hueco sea posible, montándose en los andenes, apostando carreras, frenando en seco, acelerando cuando los semáforos están en rojo... etc. También, ni dios ni ley. Pero cuando alguno cae golpeado, la mayoría de las veces sin culpa del conductor del auto, se desmadejan y logran que se inculpe al vehículo. Si la culpa es de ellos, alegan que se les lleven la moto a los patios y la dejen allá porque les sale más barato comprar otra que pagar los daños causados.

Otra perla. Esta, sin pregunta ni respuesta. Orden perentoria y obediencia inmediata, sin chistar. “La norma es la norma”. Escenario, Biblioteca Centenario. Hora, 6:30 p.m. Motivo, presentación del libro de poemas de Patricia Aguirre titulado ‘Antes de Tiempo’, Gran Premio Ediciones Embalaje del Museo Rayo. Asistencia, invitados adultos, “personas de bien”, poetas, periodistas, amigos y amigas. Salón del segundo piso de la biblioteca.

Al llegar una orden perentoria, obligatoria, tajante. Tener que despojarse de la cartera y meterla en un mini locker de madera. ¿Motivo? El salón estaba rodeado de libros de lectura que podrían ser hurtados. “Es la norma”, ni modo de convencer a las dos cancerberas de que las damas íbamos invitadas a la presentación de un libro y no a usar los libros. Nada. Más retacadas que burro parado.

Sentí que el ombligo se me iba a estallar ante semejante atropello. Armé berrinche. Se formó el despelote y me negué a dejar mi mochila donde guardo cédula, billetera, celular, mentas, gafas. Logré subir con ella. Al finalizar la presentación del libro, unos poemas que estrangulan gargantas y merecen ser leídos en estadios ante multitudes, le compartí mi berrinche al director tratando de explicarle que una cosa es asistir como invitada a una presentación y otra ingresar para leer. Me respondió irritado que “esa era la norma”. Así, sin ningún criterio, por las buenas, dando por sentado que todas las damas éramos presuntas hurtadoras de libros.

La biblioteca debería agradecer más bien que en un país en que nadie lee, alguien se robara de vez en cuando algún libro. ¡Sería de felicitar al raponero! En un país donde no esculcan los bolsillos de los magistrados, ni de los senadores, ni de los contratistas, algunas señoras estamos ‘obligadas’ a dejar el bolso en el locker porque “la norma lo dice”. “Así estamos, Pedro y tu cortando orejas”.

Posdata: A defender a monseñor Darío de Jesús Monsalve. ¡Manada de lobos hambrientos ensotanados se lo quieren despedazar!

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