Camisa de once varas

Febrero 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

No tengo la menor idea de jurisprudencia, no distingo las funciones de las Altas Cortes. Tampoco sé muy bien si son el sancta sanctorum donde se guardan las verdades absolutas fuera de las cuales no hay salvación, no sé si sirven de verdad o son simple fachada absolutista. Sé que están compuestas de hombres y mujeres de carne y hueso, que comen, les hace daño la pitahaya, tienen marido o mujer, hijos drogos o sanos, sufren de asma o hipertensión, roncan o sufren de colon nervioso, algunos con doble vida sentimental, otros ya más allá de cualquier tentación. En fin, hechos del mismo “barro que el supremo alfarero modelo”. Hombres y mujeres que una vez investidos de Ku Klux Klan negro, pierden todo rasgo humano y sus rostros se convierten en máscaras hieráticas, que los distancia del planeta que habitan.No sé si estas capas, que algunas ya deben oler a húmedo y otras cosas, están hechas a propósito para intimidar. El léxico también cambia, a lo mejor para que el reo o el absuelto no entiendan por qué van a la picota esposados o por qué pueden salir a picnic al potrero. Personalmente me intimidan. Y muchas veces me pregunto, ¿a ellos y ellas, quién los juzga? Es imposible que en un país de más de 40 millones de habitantes, con cámaras legislativas, Poder Ejecutivo, Presidente, ministros, asesores, directores, etc., etc., los únicos a los cuales se les debe obedecer sin chistar es a los encapuchados, y si se opina algo distinto se “comete desacato” y otras atrocidades.Ojalá me absuelvan de estas dudas y no me llamen a indagatoria, pero lo que pienso es que a los que se les ocurrió que el Ejército Nacional en masa tiene que salir a pedir perdón por el abuso de autoridad de algunos de sus miembros durante el fatídico y demencial episodio del Palacio de Justicia se les fue la mano en un realismo mágico y desproporcionado. Cuántos militares de todas las categorías no han muerto, o quedado para siempre mutilados, discapacitados; cuánta sangre han vertido por defendernos de las atrocidades de narcos, guerrillas, paras y otras bestias.Despropósito igual pretender que el expresidente Betancur vaya a sentarse en la gélida Haya ante el banquillo de la Corte Penal. A estas horas es una salida en falso y mediática. Al coronel Plazas Vega no lo conozco. Lo que dudo es que en semejante fragor de tanques, incendios, heridos y achicharrados, él hubiera tenido el tiempo y la frialdad de ordenar que a dos personas que salieron con vida, las ejecutaran después de torturarlas. No cuadran peras con manzanas.Estos despropósitos en pro de la ‘justicia’ lo único que logran es polarizar más a este país, donde no hace falta ni un fósforo para que se forme un incendio de proporciones gigantescas. Ya se habla del asesino de Petro, del asesino de Navarro Wolf. La mano peluda de la ultraderecha se agarra de este as, la Izquierda se ve arrinconada, los mamertos se declaran perseguidos y las víctimas, una vez más son la carne de cañón.Ignoro lo que hay detrás de esto. Pero que se cocina algo, se cocina. Y el único resultado es confrontar al Legislativo con el Judicial, y el pato una vez más lo pagamos todos. Lo sucedido en el Palacio de Justicia jamás tendrá justificación. Colombia quedará marcada con esta muestra de barbarie de unos y otros. Al presidente Betancur se le salió todo de las manos y en vez de haber dado la cara para el ‘Juicio Político’, permitió tanques en el recinto. Pero de allí a que todo el Ejército colombiano pida perdón, hay mucho trecho. No sé estos honorables encapuchados en qué estaban pensando. Ojalá la cosa no pase a mayores, porque tirios y troyanos se van a agarrar como perros y gatos a ver quién saca la mejor tajada de esta pelea. Necesitamos es reconciliarnos, unirnos, no aguantamos más sangre. Un poco de cordura, por favor.

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