¿Cali viene de caníbal?

Julio 03, 2017 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

No sé si lo soñé o me lo invente. Tal vez en una de historia en primaria donde era difícil mantener los ojos abiertos y los oídos despiertos, pero escuché que los Calis y los Lilis antes de que los españoles los volvieran trizas se mascaban a los enemigos en la olla, y los enemigos eran todos, incluyendo sus vecinos. Caníbales. Así de sencillo, preferían masticarse a permitir que progresase alguno y se destacara del pelotón.

A pesar de comerse los unos a los otros y de sufrir el descuartizamiento por parte de los ibéricos, muchos lograron sobrevivir y la especie siguió reproduciéndose exitosamente. Mezcla de caníbal con caníbal, caníbal con mulata, mulata caníbal con negro, negro con ibérico ya mezcladito con abuelo caníbal, y así Cali y el Valle se convirtieron en lo que somos ahora. Una ciudad bellísima incrustada en el piedemonte que la comunica con el mar y un departamento color esmeralda, fértil, generoso. Habitado por caníbales.

Algo no pegó. Tanta belleza natural. Tantos recursos. Tanta agua. Tanto potencial tenía que conllevar implícitamente alguna maldición. Los que a estas alturas siguen leyendo la columna, ya habrán adivinado: la maldición caníbal.

Difícilmente volveremos a tener una dupleta de gobernantes tan dinámicos y entregados a su ciudad y al Departamento como Maurice Armitage Cadavid y Dilian Francisca Toro. Llegaron a la Alcaldía y la Gobernación encontrando ya un terreno menos áspero y una región en la que había vuelto a renacer la esperanza.

Temperamentos diferentes. Enfoques diversos. Sin embargo unidos por la obsesión de hacer las cosas bien. Por llegar al meollo de los problemas y sacar de raíz enfermedades estructurales. Por abrir horizontes nuevos, oportunidades nuevas. Por devolver la dignidad a la población más ignorada y más necesitada.

Trabajo de titanes en medio de una sociedad apática y caníbal. Escucho rumores sobre una petición de revocatoria al alcalde Armitage. No lo puedo creer. Las redes sociales tratan de minimizar su gestión. A Dilian le miden cada paso a ser ‘si cae’. La Sagrada Orden del Bramadero de ancestro caníbal se los quiere comer vivos, eso sí despellejándolos antes. Frases mal intencionadas, declaraciones sacadas fuera de contexto, las gotas de hiel que siempre caen en terreno abonado cuando la tierra está envenenada.

Y sí. Estamos envenenados de envidia, de resentimiento. No soportamos que ‘otro’ brille con luz propia. Que ‘otro’ sobresalga en algo. Que ‘otro’ lo haga bien. Es una pandemia ancestral. Caníbal persigue como sea a su prójimo para asestarle su tarascada apenas pueda. Tenga no más.

Cali y el Valle están pasando por un momento clave. Único. No hay marcha atrás. Al fin salimos del marasmo. La corrupción total y el fango chupadizo. Unámonos con pasión, solidaridad, berraquera (con B por favor) y entusiasmo y apoyemos todas las cosas fantásticas que están sucediendo en la ciudad y en el departamento. Apoyemos nuestros gobernantes y sus equipos de gobierno. Ellos se la están jugando toda por la región. ¡Enterremos el instinto caníbal y abrámosle paso a la solidaridad. Pongamos nuestro grano de mostaza y no de hiel!

PD: Misa del domingo 2 de julio a las 10:00 a.m. Iglesia La María. Pance. Misa post bautizo colectivo de muchos bebés. Oficiador Luis Mario Montenegro, aullando que “todos los niños eran pecadores y que solo mediante el bautizo carólico se salvaban, porque este era el único Dios. Que si los musulmanes creían en Alá, pues Alá no era Dios; que los judíos tampoco tenían Dios y que ninguno de esos niños era hijo de Dios”.

Pregunta directa al arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve: ¿Quién permite que este personaje se suba a un pulpito en nombre de Dios? ¡Quiero una respuesta!

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