Balance personal

Balance personal

Diciembre 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Ya llega el cortejo, los Santas, el Niño , los pastores. Faltan cuatro días para que los rincones queden llenos de papeles de colores, tarjetas pisoteadas, arrepentimientos por haber ingerido tantas tortas de pastores y pavos, salsas, buñuelos y desamargados. El frenesí se apodera de las calles. Los ‘papaes y mamaes’ caminan por todas partes, empacando, acordándose de “que me falta sutano”, aparecen niños con los que no contábamos, el amigo secreto se vuelve un dilema, porque nadie quiere quedar mal, las tarjeticas ‘de-para’ se agotan y la cinta pegante se adhiere a los dedos. Todavía no sé si somos todos felices el 24, o jugamos a ser felices por un rato. Si perdonamos y abrazamos de verdad, o jugamos al abrazo y al perdón; si compartimos con los que tienen menos o jugamos a compartir para aplacar la conciencia, si las campanas suenan apasionadas o simplemente tañen por costumbre. Si el Niño es el que llega o Santa se cuela por entre una chimenea inexistente. En todo caso, feliz Navidad. Sé es que los niños se la gozan y este es el mejor regalo que la vida nos puede dar.Cambio de tema y hago un minibalance personal. Dejé una Bogotá inundada, colapsada. Barrios cubiertos de agua, parques convertidos en cráteres, calles hechas trampas. Constructores y funcionarios se rebotan la pelota. Es el resultado de décadas de improvisación y falta de responsabilidad de gobernantes, contratistas y empresas privadas. Urbanizaciones que se sabía eran terrenos de humedales, otras que estaban debajo del nivel del río Bogotá, por décadas sobresaturado de escombros y basuras. Universidades en predios prohibidos. Sí, el resultado de todos estos años, muchos años, es normal. La Naturaleza no perdona la falta de respeto ni la corrupción. Llego a una Cali en iguales o peores condiciones. El río Cauca ha hecho de las suyas: recuperar lo que es suyo. También décadas de corrupción y malos manejos. Se sabía que Juanchito podía colapsar, que los jarillones estaban invadidos de familias y hormigas arrieras, que las alcantarillas estaban obsoletas, que los caños estaban repletos de escombros, que las aguas negras caen donde empieza el agua potable, que el ‘basuro’ no puede más. Todo se sabía. Dios nos libre de una tragedia mayor, cuando las aguas se desborden del todo y desaparezcan barrios enteros del Oriente. Lo mismo que en la Capital, las entidades se pasan la pelota, se inculpan y disculpan mutuamente. Todo pasa y nada pasa, mientras un patético alumbrado navideño trata de iluminar la miseria y la desorganización y los vendedores ambulantes pisotean la madreselva y otras brujas. El Niño no se ve. Tal vez lo vendieron como perro caliente, no sé.Clara López presenta un informe como si Bogotá fuera Estocolmo. Su buena gestión se ve opacada por su soberbia. Sin ella, la capital no tendría salvación. En cambio a Jorge Iván Ospina se le volteó el Cristo de espaldas. Lo quieren destituir y encanar a última hora. Confieso, y lo he afirmado, que Ospina llegó por métodos non sanctos a la Alcaldía. Pero también reconozco que después de los cobo, los jhonmaro, los apolinares, sacudió a Cali y le dio un empujón. Creando puentes educativos para unir las dos ciudades que se excluyen, abriendo nuevas vías, tapando lo que pudo, gobernando contra viento y marea una ciudad que estaba sumida en la corrupción e indiferencia. A pesar de su Secretaria de Gobierno, impuesta y atornillada por Martínez. A Ospina le tocó duro. Tenía amarres con personajes oscuros de alma y manejos. Pero él inició una transformación de la ciudad.Lo mejor desde esta Navidad empapada Gustavo Petro en Bogotá y Rodrigo Guerrero en Cali. Fácil no les va a tocar. La corrupción tiene mano peluda, es hábil y sinuosa. No se detecta fácil y no quiere que la quiten de en medio. Ambos merecen el apoyo de todos. Todos a empujar si no nos queremos ahogar.

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