Asilo... de locos

Asilo... de locos

Febrero 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Imagino un territorio aislado, sin ruidos, tal vez rodeado de palmeras con cocos, y sus aguas infestadas de cocodrilos para que nadie pueda siquiera intentar salirse del remanso de paz. Un sitio de reclusión sin paredes, ni personal médico, ni drogas, sin celulares ni twiteres, sin prensa, sin televisión, sin libros, ni libreta de apuntes, sin juegos didácticos ni crucigramas. Un sitio de asilo para todos los locos que producimos en este país.La mayoría están locos, del pánico. Pánico de tener que enfrentar y dar la cara por sus actuaciones, me refiero a funcionarios del gobierno pasado. Locos de miedo porque les toca ‘cantar’ y creo, me gusta pensar mal, de que si cantan los mandan al papayo. Otros locos de la rabia, y es que entre la rabia y el miedo creo que existe una neurona de diferencia... El miedo produce ira, la ira paraliza. Ira y miedo de que si los demás locos cantan, caiga el loco mayor. Por eso huyen, a la desbandada, como esos pájaros que mientras están en aguas calmas se posan en ellas como reyes, pero que al menor ruido despliegan sus alas y desaparecen en el horizonte.Sí. Yo les daría asilo a todos, pero asilo de locos. Porque es normal que se volvieran locos. Después de ocho años de mandar, de pretender, de mentir, de manipular, de dominar desde el oscuro minarete del poder secreto, de pronto verse de barriga en el duro asfalto, cuestionados, descubiertos y desenmascarados, el shock tiene que ser brutal. La Hurtado se disfraza de coneja en Panamá. El doctor Ternura burla todas las normas de emigración y sale sin que nadie sepa para dónde en un vuelo fantasma, o en una camioneta ídem. El Loco mayor manda twiters desde cualquier lugar del mundo, ya sea la butaca en una conferencia, o el w.c. en la habitación del hotel. Trina, ahí sí, como el pájaro loco, Woody Woodpecker. Él sabe muy bien que si sus inmediatos hablan, cae de cabeza al foso. Tiene razón. No existen garantías para ninguno de ellos porque la verdad escueta, cruda, no tiene garantías. Es una sola. No tiene medias tintas ni colores pastel.Y es a esa verdad, que en algún momento tienen que enfrentar lo que les produce pánico, locura y deseos incontenibles de escapar. Por eso sugiero la isla sin libros, sin tele, sin Twiter, sin nada más que el sol que los caliente y la luna que los enfríe por la noche. Enfrentados ellos mismos, en su asilo, mirándose las caras, desnudos en la arena, sin nadie que los persiga sino su conciencia, que a lo mejor la recuperan. No acusaciones. No dedos señaladores. No expedientes. Sólo el agua, el viento, las estrellas y el sol. Como en la canción: “Tú y yo... la luna y el mar...”. La coneja, el fantasma tierno, el que regaló las tierras, el que chuzó, el que cohechó, y el que mandó a todos a actuar. Estos sí serían bonitos trinos. Todo lo demás es lodazal.

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