Aquí no pasa nada

Aquí no pasa nada

Marzo 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Ese pareciera ser el lema de nosotros los colombianos. Internacionalmente aparecemos como el segundo país más feliz del planeta. Me inclino a creer que si estuviéramos en la sabana africana, perteneceríamos al grupo de las hienas… esos mamíferos de patas traseras enanas que disfrutan comiendo carroña y, además, se ríen. Eso sí, cuando el depredador grande está disfrutando de su presa recién cazada y la comparte fresquita, sangrante y jugosa con los de su clan, guardan un silencio sepulcral, y se esconden inmóviles donde ningún felino mayor y poderoso los pueda atacar. Jamás se unen para atacar de frente y dar la pelea con los leones o los chitas, o las panteras y los tigres. No protestan. Disfrutan las sobras que les dejan, como si fuera el mejor regalo. Así viven. Así conviven. Así se aparean y continúan su ciclo vital.Nosotros somos igualitos. Nunca una protesta a tiempo. Jamás una desobediencia civil ante los atropellos de los gobernantes. Dejamos que los felinos mayores se queden con los contratos y se repartan los botines a su amaño. Permitimos que las ciudades en las que vivimos permanezcan destrozadas por obras que jamás se terminan a tiempo, mientras los huecos aumentan en proporción geométrica, los trancones se hacen interminables y las carreteras sean caminos de herradura .Miramos en la televisión cómo matan todos los días, cómo violan niñas y niños, cómo se roban bebes, cómo maltratan y someten los machos a las mujeres, cómo los borrachos estrellan sus carros y busetas dejando muertos y heridos, cómo los menores de edad portan armas de largo alcance, cómo asesinan seres dentro de los restaurantes, cómo los políticos se regodean inflando sus billeteras a costa de los contribuyentes, cómo se reparten las prebendas del poder, cómo las mafias, los sicarios, los paras camuflados y la guerrilla siguen asesinando y desplazando pueblos enteros. Miramos en televisión a políticos, senadores, ex ministros enjuiciados por corrupción, cohechos y asesinatos, como si viéramos la familia Simpson, sin que se nos altere el pulso. Si nos aburren las tragedias, cambiamos de canal.No entiendo, por ejemplo, cómo los habitantes de la vereda Palmaseca no se han levantado contra el alcalde de Palmira. No entiendo por qué los damnificados con el separador de la muerte de Cali a Jamundí no han bloqueado la carretera o destruido a piquete limpio esa barrera mortal. No comprendo por qué los damnificados de la carretera a Dapa siguen año tras año sufriendo los cráteres y las trampas mortales de su carretera sin decir ni pío. No me cabe en la mente por qué el HUV sigue tolerando sus nóminas paralelas, mientras cientos de personas se debaten entre la vida y la muerte hacinados en corredores como animales. Tampoco entiendo por qué el ex director que desfalcó en miles de millones de pesos el Hospital Psiquiátrico jamás fue llamado a juicio y vive campante en Miami en el exclusivo sector de Coral Gables. Tampoco sé por qué si todo el mundo sabe lo del ‘cartel del cobre’ que ingresa los cables robados a un potrero en las afueras de Cali para fundirlo, nadie inicia una investigación.Mientras, los caleños y los vallecaucanos seguimos acurrucaditos, disfrutando las sobras, bailando salsa, comiendo carroña y felices. Sí. Como nuestros congéneres del Serengeti. No descendemos del mono, sino de la hiena. Qué le vamos a hacer. Aquí no pasa nada .

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