Albricias

Albricias

Junio 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Desde el año pasado cuando la Directora de la Feria de Cali nos invitó a un grupo de periodistas a conocer la programación de las festividades decembrinas, algunos sugerimos que la Cabalgata debería suspenderse. Se nos respondió que estaba todo, absolutamente todo, previsto para que no hubiera desmadres, ni caballos en el suelo, ni borrachos, ni traquetos ostentando gargantillas de oro y espuelas de plata y que los caleños podríamos estar tranquilos porque “esta vez todo va a salir bien”.Quedó plenamente demostrado que ninguna de esas promesas se cumplió. De nuevo la narcocabalgata inundó las calles del sur de Cali produciendo unos trancones que a medida que transcurrían las horas se convertían verdaderos nudos ciegos, y cientos de automóviles se quedaban atascados sin poderse mover durante horas.Si a este despelote le sumamos la cantidad de borrachos, la espuma lanzada a las cabalgaduras, las ‘hembras siliconadas’ convertidas por arte de magia en amazonas, los camiones parqueados en parques y andenes esperando los caballos para regresarlos a sus fincas, el mugre, el olor a cagajón, la ordinariez del público y el caos, quedó comprobado una vez más que Cali no está para cabalgatas.El deterioro de estas, que se iniciaron con desfiles de las diferentes escuelas de equitación de la ciudad y las oficiales, cada una con su uniforme, guardando distancias y que constituía un espectáculo bellísimo en el que jinetes y cabalgaduras se lucían, coincide con el nacimiento de la cultura del narcotráfico.Tener caballos de miles de dólares se convirtió en el símbolo de poder de los capos. Las escuelas y caballistas tradicionales jamás volvieron a participar en ellas, y las amazonas le cedieron el ‘paso’ a jovencitas que se creyeron el cuento de que ‘Sin tetas no hay paraíso’ y se empezaron a descubrir los pectorales y a ceñirse unos pantalones embutidos a punta de vaselina, sombreros de cowboy y blusas de pantera, botas de tacón y a punta de chupar aguardiente - ellas y sus patrones-, lograron, año tras año, sin que ninguna autoridad se manifestara, de acabar hasta con el nido de la perra.Resultado: se acabó por fin este despelote grotesco y vergonzoso para una ciudad que ya tiene más de tres millones de habitantes y se está asomando de nuevo a una Cultura Ciudadana.Felicitaciones alcalde Guerrero. Se puso los machos. No más caos. Cali merece respeto. Su Feria también. Lástima que no la hubieran suspendido hace un año cuando algunos periodistas lo sugerimos respetuosamente. En fin, ¡más vale tarde que nunca!***P.D. Alberto José Holguín. Un hombre íntegro. Un ser humano especial. Amigo. Periodista. Empresario. Un ser cálido, amante de su Cali, orgulloso de sus raíces, orientador a través de sus acertadas columnas de los problemas de la ciudad y sus posibles soluciones. Objetivo en sus apreciaciones. Su partida nos llena de tristeza a todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo, de disfrutar de su amistad y de compartir momentos irrepetibles. A Lillian Tulia un abrazo salido del fondo del corazón. ¡Hermana de infancia, amiga, quiero contarte que la Iglesia de El Saladito tocó a rebato las campanas, despidiendo a tu compañero del alma!

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