A leer se dijo

Noviembre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Pasé como un relámpago por la Feria del Libro, pero me enteré de todas las cosas buenas que habían sucedido. La gran afluencia de público, la súper oferta de las casas editoriales, lo último en libros para jóvenes y niños con complementos en los móviles -niño que se respete, preadolescente, ya tiene celular-. Mejor dicho, no hay excusa para no leer.Recuerdo que una vez me preguntaron cual había sido el libro que más había influido en mi vida. ¡Sin dudar un segundo respondí que La Alegría de Leer!Esa cartilla donde Paco-le-toca-la-cola-a-la-vaca y Mi-mama-me-mima y Yo-amo-a-mi-mama. Y El -enano-bebe, me abrieron la mente, la vida los sueños, la imaginación a un mundo nuevo, que no sabía que existía. Esa adrenalina que me recorría el cuerpo cuando miraba los anuncios de neón y podía leerlos, de-corrido, sin trabarme ni tartamudear, y los repetía una y mil veces hasta que mi hermana mayor enfurecida me ordenaba callar.Ese deseo de quedarme sola y que nadie me molestara, aplanchada en un sofá y mordisqueando galletas, leyendo el Tesoro de la Juventud, aprendiendo de todo con ‘El libro de los Por Qué’ y memorizando los poemas de Rafael Pombo, especialmente Rin Rin Renacuajo, El Gato Bandido y la Pobre viejecita. Soñaba con ser Michín. Me imaginaba Mamá Ratita quedándose sola y Rin Rin saltando tan alto y aprisa que perdió el sombrero y rasgo la camisa. En fin…Ya me inicié en el último libro de Santiago Gamboa, ‘Volver al oscuro valle’, no lo puedo soltar. Agarra desde la primera página. Ya estoy metida en las tragedias de Manuela, espero a Juanita que no llega. Comparto la angustia de ver desde el hotel que da a La Gran Vía el ataque islámico y me imagino esas alumnas del convento haciendo malabares en los baños y bazuqueando a lo que da el tejo.Me esperan las obras de Olga Behar, Yolanda Reyes, Giussepe Caputo, Juan Diego Mejía... Me gustaría que el día tuviera más horas para poder leer más. Para meterme, incrustarme, fusionarme con cada página, con cada historia, con cada paisaje, con cada suceso, vivir esos relatos como si fueran propios, sentir en mi propia carne los sufrimientos, angustias, ilusiones de cada personaje.Siento que estoy traicionando a John Malville, o a Lucía Berlín, porque estos autores colombianos han pasado a ser prioridad y espero terminar de leerlos para retomarlos sabiendo que ‘La Carne’ de Rosa Montero espera pacientemente. Tantos libros por leer, por volver a releer, repasar de nuevo una estrofa de Kavafis, hojear de nuevo la biografía de Juan Belmonte o reencontrar a Justine y a Clea. La vida es muy corta y hay muchos libros que jamás leeré.Cuando se lee no se vive una sola vida. Yo siento que he vivido muchas, cientos, porque cada libro me envuelve y me lleva a otra realidad tan real como la propia. Soy el fruto de lo vivido y lo leído. Invito a los que leen poco, que se sumerjan en ese universo siempre cambiante, siempre diferente, siempre nuevo de las páginas impresas. Cada una de ellas dejará huella, revivirá recuerdos, acompañará dolores, compartirá lágrimas, logrará carcajadas o espasmos de terror.Felicito a los organizadores. Aprovecho para decir que el bulevar es mágico, que caminar por la plazoleta del CAM es un regalo de los dioses, que Cali cada día vuelve a ser un sueño atravesado por un río. Cali y sus tardes, Cali y su brisa, Cali y su bulevar, esas bancas que invitan a sentarse a leer y a vivir nuevas experiencias.Me quito el sombrero con Santiago Gamboa. Los dejo a ver si apareció Juanita. ¡Qué señor escritor!PD Ya ‘Oiga, Mire, Lea’ empieza a aceitar baterías y moverse para su Encuentro el próximo septiembre. A leer se dijo. A leer Ve. ¡Vos te mereces leer!

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