Zona de reconciliación

Zona de reconciliación

Septiembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La justicia, tanto la social como la penal, pero sobre todo la restaurativa, es condición ineludible para la paz. El reino de la impunidad se sostiene sobre un estado de guerra indefinida. Mantener el conflicto armado es la manera de no darle la cara a la verdad y menos aún a la justicia, de justificar atrocidades y crímenes de lesa humanidad. Construir la paz, en cambio, es abrir el espacio para que una justicia restaurativa, liberadora de las heridas del pasado y constructora de las oportunidades frustradas, permita abrir el expediente de la verdad y asumir compromisos serios de reparación. En ese sentido, la aceptación previa de un modelo de justicia puede significar la apertura de la puerta hacia el consenso y la paz. Colombia no podrá mantener este derrotero de violencias enmarcadas en la sustentación indefinida de un conflicto armado y en la exclusión estructural de los desheredados. Tampoco podrá seguir soñando con una paz meramente militar o estatal, en la que no ha contado ni contarán lo humanitario ni la sociedad civil como primer sujeto de ella. La paz se hará cuando una ciudadanía tenga cédula para construirla y no solamente para votar por quienes se pelean el poder y el presupuesto. En ese sentido, quisiera proponer que la ‘Semana por la paz 2011’ nos dejase la inquietud de una posible ‘Zona de Reconciliación’, en la que la subversión pudiera ubicarse en términos de sometimiento a ese modelo de justicia y participar en la vida de su país como colombianos que son. Así entiendo hoy el Evangelio que nos alienta a recuperar la médula de la paz: el perdón como primer paso hacia la justicia que restaura al ofendido mismo y abre el camino hacia los procesos de reconciliación del ofensor con sus víctimas y con la sociedad. Perdonar es la posibilidad de sobrevivir a la adversidad, a las heridas recibidas y a la dureza de quien las abre. Sin perdón el pasado se absorberá siempre el futuro. El perdón es la venganza de los buenos, decía un escritor antiguo. Que el perdonar setenta veces siete de Jesús a Pedro ilumine nuestro intrincado drama de crueldades y violencias interminables y suscite una voluntad de restauración y paz.

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