Y se transfiguró delante de ellos

Marzo 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Los fieles de la Iglesia iniciamos la Cuaresma con una invitación: “Conviértanse, crean en el Evangelio”, que equivale a decir: “Transfigúrense, cambien de rostro, dejen el pecado y resplandezcan de gracia”. Para adquirir un nuevo rostro es necesario abrazar la cruz, no rehuir al sufrimiento. Nada marca al cristiano y lo transfigura en seguidor de Jesús, sino la Cruz. “El que quiera seguirme (que equivale, a ser heredero de mi Gloria), que tome su cruz y me siga”.La sociedad no quiere saber nada de sufrimiento, ni limitación; solo busca el gozo, el placer: pretende excluir, combatir y alejar las formas corporales que no le satisfagan; por ello se han multiplicado las cirugías plásticas, que mejoren estéticamente la persona, que no tenga que sufrir el oprobio de la burla, del disgusto, del malestar que propician las críticas a los cuerpos no bellos.Buscamos alejar el dolor, rechazamos la invitación a hacer de la cruz un elemento de espiritualidad. Pedro increpa al mismo Señor: “Lejos de ti el padecer, menos aún el morir”, y la respuesta no se hace esperar: aléjate de mi Satanás. Quiere gozar de la gloria, la dicha y la felicidad, excluyendo la experiencia del dolor, de la prueba. Absurda pretensión como la de tantos pseudocristianos.Transfigurarse es buscar a toda prueba incorporar la experiencia de la cruz y subir con Cristo como discípulo para presenciar el gozo transformador que sólo Jesús puede imprimir al rostro de los hombres y de la humanidad. La tradición de la Iglesia pasará siempre por la magnífica experiencia de la cruz que eligió Jesús para redimirnos y regalarnos el único gozo que jamás termina: la certeza del triunfo sobre el pecado, el dolor, el mal y la muerte. ¡No hay otro camino que conduzca a la Gloria!

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