“Vuelvan a Dios”

“Vuelvan a Dios”

Diciembre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

El anuncio de una paz perfecta es el anhelo de los tiempos mesiánicos que los profetas del antiguo Israel proclamaron repetidamente; Isaías anunció con vehemencia y reiteración: “no juzgará por apariencias, no dictará sentencia basada en rumores… podrán vivir en paz el lobo y el cordero, y echarse juntos el tigre y el cabrito… y se dejarán guiar por un niñito”.A pesar de las infidelidades de Israel, Dios cumplirá a cabalidad sus promesas, jamás se perderá la esperanza. Y este lenguaje bien conocido en el pueblo de Dios lo emplea el Bautista -enorme figura del adviento- y que hoy resuena en la liturgia católica.Al Jordán se dirigían en búsqueda de salud, dada la naturaleza sanadora de sus aguas, las multitudes pretendiendo escapar del castigo que estaba por llegar; para corregir esta equivocada conducta Juan que bautizaba en sus riveras llama a la conversión sincera y dice con voz enérgica: “No basta con decir que tienen por Padre a Abraham”, el reclamo va directo al corazón y a la vida de aquellas multitudes a quien tampoco duda en llamar camada de víboras: es un lenguaje fuerte y directo que busca conmover para lograr la verdadera conversión que es la vuelta sincera a Dios.Volver a Dios con toda sinceridad es el reclamo definitivo de la voz profética que Juan el Bautista asume como compromiso de toda su vida, de toda su conducta: ir al desierto, vestir de una manera penitente y alimentarse de langostas y miel silvestre son signos externos, pero en él han llegado a la convicción sincera de su corazón que le impulsa a descubrir y seguir al “anhelado de las naciones, el que estaba en medio de ellos y a quien él descubre: está aquí vuelvan a Él”.Es Jesús de Nazareth el Salvador prometido a las naciones, el deseado del corazón humano. Aquel a quien buscaron con ansiedad y enorme esperanza los hombres de ayer y deben hacerlo también los de hoy. No estaba equivocado el gran santo, Agustín de Hipona cuando exclamó: “Nos hiciste Señor para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti”. El mundo de hoy con sus grandes logros y avances tecnológicos pretende cambiar el corazón humano, alejándolo de Dios. ¡Vana pretensión! Buscar a Dios en las cosas efímeras del mundo, es pretender cambiar la naturaleza de quienes hemos sido creados por Dios y destinados a la gloria que sólo podremos encontrar en Él.

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