Vivir bajo la amenaza

Vivir bajo la amenaza

Diciembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Los Evangelios de La Infancia de Jesús nos muestran la humanidad cruda y real del Hijo de Dios. La percibimos en la mujer que es María, en su sufrida alianza matrimonial con José, en el nacimiento de Jesús como un excluido social, en los pastores y los Magos que adoran, en la pesadilla del sanguinario Herodes, en el desplazamiento forzoso a Egipto, en fin, en la casita de Nazaret que, finalmente, alberga a la Sagrada Familia. Miseria y grandeza, trigo del amor y cizaña del odio, obra de Dios y maniobras humanas, se entrelazan en esta “historia de salvación” que marca la plenitud de los tiempos. La Navidad, con su Pesebre, es todo un retrato de nuestra tragedia social: de la injusta pobreza, de la “violencia institucional” y las masacres de indefensos, del vivir en el miedo, bajo la amenaza de poderes faraónicos y herodianos, que asesinan sin escrúpulo a quienes afecten o denuncien su falaz prepotencia. Esta denuncia profética la plasmó Dios con su Encarnación hace más de dos mil años. Y tendría que dolernos mucho que, tanto tiempo después, los mismos y aún peores fenómenos de inhumanidad persistan en sociedades como la nuestra y todavía no asumamos con determinación y valentía su erradicación y prevención.Pero los pobres y las víctimas del poder absolutista del dinero, de la fuerza y del engaño, no están solos, tirados ahí a su suerte. Dios ha hecho propia y suya esta realidad, para hacer capaces a quienes la sufren y a quienes la provocan y sostienen, de transformarla con el poder del Amor, de la Verdad que nos hace libres y de La Vida que hace eterna y plena esta que vivimos en la tierra. Es la esperanza evangélica que sobrevive intacta, aunque parezca envuelta por los nubarrones de la muerte. Y sobrevive en mujeres y hombres, en esposos y familias, en constructores de tejido familiar y social, en luchadores por la justicia y defensores de la dignidad humana, en Mandelas y Franciscos, en todos aquellos que arriesgan su vida para proteger y salvar las de los demás, sin ceder a la tentación del odio y de la eliminación de los adversarios.Hagamos del 2014 el año de la ruptura popular con la guerra y la violencia colombianas, El Año de la Ciudadanía que reclama La Cédula de la Paz y le niega su apoyo a todo quien persista en la violencia o en la apología política de la confrontación armada. Desde el “amparo de armas” en manos de civiles, hasta los excesos subversivos o antisubversivos que rayan en el asesinato programático y en la irresponsable internacionalización de nuestro conflicto interno (CIA y demás), manifestemos ante Dios y ante la humanidad que el nacimiento de Jesús sí ha tocado nuestras conciencias. Amén.

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