“Venimos a adorarlo” (Mt. 2, 2 ss)

Enero 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

El relato de los sabios, o Reyes Magos que hoy hemos escuchado es encantadoramente bello e ingenuo, simple y ¡profundo! Abarca el acto más sublime que sólo puede hacer el hombre: !Adorar!.Sí, este es un acto que brota de la conciencia, se fortalece con la voluntad y se decide por la libertad; un irracional por tanto, jamás podrá adorar, el hombre sí.Infortunadamente la humanidad de ayer y de hoy decide adorar ídolos, falsos dioses, negándole a su razón la facultad de trascender para adorar al Único Verdadero, al Dios revelado en Jesucristo. La adoración hace parte de la capacidad de trascender, y enseña al mismo tiempo la sustantiva incapacidad humana para ejercer muchas funciones: "Cree firmemente en Dios y arrójate en sus brazos cuanto puedas. Exprópiate de ti mismo, sal de tu propia potestad y confiesa que eres siervo de tu clementísimo y generosísimo Señor. El te atraerá a sí y no cesará de colmarte de sus favores, aún sin tu saberlo" (San Agustín).En nuestra cultura contemporánea llenamos la vida de idolatrías, supersticiones, agüeros y hechizos, por decir lo menos; creemos ciegamente en las propuestas y enseñanzas de los astrólogos, quirománticos y expertos de la carta zodiacal y a sus recomendaciones entregamos nuestra vida, nuestra suerte y nuestro futuro. Qué diferente la posición de estos tres Sabios que buscan la verdad, al Dios anunciado y a quien desean ver y adorar a costa de todo sacrificio.La fiesta de la Epifanía o manifestación universal del Señor que hoy celebramos es un nuevo regalo de la liturgia católica en este excepcional tiempo navideño; también debemos repetir con el salmista y como convicción y ejercicio de nuestra fe: “Te adorarán Señor todos los pueblos de la tierra”. El alma y la vida del creyente no puede llenarse de absurdas creencias y torpes idolatrías.

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