“Vengan a mí todos”

“Vengan a mí todos”

Julio 09, 2017 - 06:30 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Vivir será siempre para nosotros una búsqueda incesante. Salir de la noche y caminar con la luz del sol, más que supervivencia instintiva, es avanzar entre preguntas y respuestas. Y la fatiga física del día y de la labor, se une a las certezas alcanzadas o a la incertidumbre de la oscuridad.

El descanso físico y la recuperación del sueño, esconden la ilusión del alma humana sobre la felicidad y la verdad. Abandonarse al lecho es el rito del encuentro anhelado, de la plenitud buscada, de la verdad indagada. Es la liturgia de la intimidad y del abandono de sí en ese alguien en quien nos confiamos.

El ritmo febril de la vida se alimenta así de la sencillez de la cotidianidad: ella sostiene nuestro vivir anclado en la llamada al amor y al despojo del Yo y de sus “pertenencias”, a la pobreza como virtud esencial, a la pequeñez y al anonadarse (reducirse a la ‘nada’, de la que Dios me está creando).

Es en este ejercicio humano en el que podemos acoger a Jesús el Señor, para que nos incluya en su pobreza divina, en los preferidos y gratos a Dios. Los “excluidos” de la riqueza, del saber y el poder humanos, podrán ser, entonces, nuestros maestros de humildad, sencillez, abandono y gozo en el Amor que nos dice: "Vengan a mí todos".

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