Va a entrar el Señor. Él es el rey de la gloria

Diciembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

¡Qué sería de nuestra vida, si por el mundo tuviéramos que ir solos, guiados únicamente por nuestros pensamientos; movidos sólo por nuestros deseos; sostenidos sólo con nuestras pobres fuerzas humanas!La gran riqueza de nuestra fe, que revivimos de manera especial en cada Navidad, está en que el mismo Dios, Señor del universo, se acerca a nuestra vida para darle sentido a nuestro caminar de cada día. Desde la primera Navidad gozamos con la presencia en nuestra vida del Señor Jesús; Él es el Dios-con-nosotros anunciado por los profetas. Vino a traernos el cielo a la tierra y a llevarnos de la tierra al cielo. Pero nunca obra nuestra voluntad. Y ahí están precisamente la importancia y el valor de nuestra libertad.Tristemente son a veces tantas las dificultades y los desengaños de la vida, que nuestro corazón se va endureciendo, vamos perdiendo la esperanza de una vida mejor y preferimos encerrarnos en el corto horizonte de nuestros quehaceres cotidianos. El tiempo del Adviento que estamos viviendo, es el tiempo para detenernos en la vida y aceptar la única ayuda posible para que ella sea realmente maravillosa: la ayuda del mismo Señor Jesús, quien todo lo puede y todo lo que hace, lo hace para nuestro bien.No tengamos miedo de rendirnos ante Él y de confiarle nuestra vida. Nadie que confíe en Él quedará defraudado. Animémonos con el anuncio del salmista: “Va a entrar el Señor. Él es el Rey de la Gloria” y dejemos que sea Él, la Palabra de Dios hecha carne, la que acompañe y guíe nuestra vida y, a través de nosotros, llegue a tantas personas que, como nosotros, necesitan también de su sabiduría, consuelo y fortaleza.Esta ha sido la experiencia durante ya más de 20 siglos: todo aquel que se decide a abrirle las puertas de su vida y de su hogar al Señor, que con humildad y respeto se acerca a cada uno, descubre la grandeza de vida que vino a traer al mundo y comprende por qué, después de tantos años, sigue siendo la única posibilidad válida de salvación.

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