Una lámpara para atravesar la noche

Una lámpara para atravesar la noche

Febrero 25, 2018 - 05:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Esta frase que da título a una reflexión del padre Alessandro Pronzato, sobre el evangelio de este II Domingo de Cuaresma, refleja lo que el episodio de la Transfiguración del Señor significa para los cristianos.

Jesús dice de sí mismo que es el camino, la verdad y la vida, e invita a seguirle. En estos 40 días el llamado que se nos hace es a entrar en un proceso de muerte a pensamientos, costumbres y comportamientos que nos alejan del plan de Dios, para entrar en la vida que Cristo nos ofrece, renovando el corazón y el alma. La manifestación del Cristo glorioso en pleno camino marcado por el carácter penitencial es un aliciente; se nos anticipa la contemplación de la meta para llenar de sentido cada paso hacia el Señor.

La certeza de que, en el esfuerzo diario de ser mejores seres humanos, se sigue a Jesús, Hijo de Dios y victorioso sobre el pecado y la muerte, es la fuerza que mueve al discípulo a no detenerse en su marcha a través de la difícil ruta de la vida, abierta a la corrección . La vida del cristiano para nada es estática ni conformista; quien camina en Cristo, siempre ha de estarse evaluando para descubrir las cosas que debe cambiar y mejorar.

Para que la jornada hacia Dios sea satisfactoria, el mismo Jesús se hace el principal apoyo: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Salmo 119, 105). Sin la referencia al trascendente, que infunde seguridad, quedamos sometidos a la noche de lo provisorio. Sin Jesús la existencia es un viaje en la oscuridad; con Él iluminándonos, la esperanza será un motor que nos mueve a la perseverancia, especialmente en los momentos aciagos. En esta Cuaresma, Jesús transfigurado debe acompañar con el resplandor de Palabra eterna, cada paso que vamos dando en la existencia.

Y como la luz para el camino es Cristo, Palabra del Padre, es necesario abrir el oído para permitirle iluminar nuestra conciencia y nuestro ser. Es necesario avivar la capacidad de escuchar. Se trata de un acto consciente, que se detiene en la persona de Jesús para considerar la fuerza y el contenido de sus enseñanzas.

En el episodio de la Transfiguración la voz del Padre invita a escuchar a su Hijo. Y a Jesús lo escuchamos en la Sagrada Escritura. San Jerónimo decía que “desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo”; por lo cual en los evangelios se tiene un encuentro de primera mano con Jesús que habla. Segundo, lo escuchamos en las enseñanzas de la Iglesia, custodia de lo que en el Señor, el Padre nos ha revelado. El discípulo de Jesús debe buscar conocer las enseñanzas de la Iglesia, que profundizan el magisterio del Señor. Tercero, con las herramientas de la Escritura y la enseñanza de la Iglesia, la oración se hace el espacio privilegiado para estar a solas con Él y dejar que su Palabra nos toque hondo.

Escuchemos, pues a Jesús. Dejemos que la luz de su Palabra nos irradie la existencia, de manera que no se convierta en una noche tan oscura que nos paralice por el miedo y nos derrote anticipadamente, sin siquiera luchar por una vida mejor, por un mundo mejor. Que su luz nos mantenga siempre comprometidos en nuestra propia transfiguración personal, familiar y social.

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