Un encuentro salvador

Marzo 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Según el libro del Levítico “Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos adúlteros son reos de muerte” (20,10). Y el Evangelio de este domingo 17 de marzo, quinto domingo de Cuaresma, trae precisamente una página sugestiva, polémica, liberadora: Sólo presentan a Jesús a uno de los implicados (a la mujer), los varones callan, se alejan. Al final un diálogo entre Jesús y la mujer: “Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar”.Jesús de Nazaret nos quita de las manos el arma, el deseo profundo de separar, de señalar, de ver el pecado de los demás. ¿Qué escribe Jesús en la tierra? El evangelista no lo dice. En el libro de Jeremías se lee: “Todos los que se alejan de ti serán escritos en el polvo, porque han abandonado la fuente de agua viva, han abandonado al Señor” (17,13). Quien se encuentra con Jesús no es condenado sino salvado. El gran san Agustín comenta así este bello pasaje: “Relicti Sunt duo: misera et misericordia = quedan solo ellos dos: la miserable y la misericordia” (In Ioannem evangelium tractatus 33,5). Sí, Jesús condena el pecado pero no al pecador. Del pecado siempre nos levanta Dios por medio del Sacramento de la Reconciliación. Se llama precisamente así porque este gran signo reconcilia con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Allí donde los juicios estatales y la falsa moral que utilizamos no hacen más que condenar, allí ofrece la Iglesia desde hace dos mil años en nombre de Jesús de Nazaret una y otra vez la Absolución por medio del Dios Santo, el único que reconstruye, sana y libera el interior humano. Estamos en el Tiempo de Cuaresma, preparación para la Pascua, el paso liberador de Dios por nuestras vidas. La gran Vigilia del Sábado Santo canta el Exultet un himno antiguo que dice: “Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado… Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la esclavitud del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos”. Vete y en adelante no vuelvas a pecar. Ese sí que es un auténtico programa cuaresmal, ese sí que es un deseo auténticamente creyente, el deseo de vivir en presencia de Dios.

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