Un discurso esperanzador

Noviembre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Los expertos en Sagrada Escritura llaman 'discurso escatológico' a los pasajes finales de la vida de Jesús de Nazaret que concluyen con su predicación en el templo de Jerusalén. Escatología es palabra de origen griego, hace referencia a las realidades últimas, definitivas, como el juicio final, la muerte, la renovación de todo el universo, el encuentro con Dios. Todas las enseñanzas de Jesús “están coloreadas de un lenguaje especial”. Vivió y nos enseñó a vivir el tiempo dándole valor de eternidad, dejándonos una certeza: después del último paso de cada vida y de la historia de todos tendrá lugar el encuentro trascendental y definitivo con Dios. Los signos a primera vista alarmantes de falsos mesías y profetas, guerras, hambres, pestes, terremotos y los fenómenos astronómicos, amén de las persecuciones a los discípulos forman parte del llamado 'lenguaje apocalíptico', otro término técnico, muy común en la Biblia para designar una realidad totalmente nueva, creada por Dios, final definitivo de toda injusticia y de todo poder del mal. El discurso pues no tiene nada que ver con el fin del mundo, habla de un acontecimiento que no está marcado en los almanaques de los hombres ni en las previsiones astronómicas y sólo pretende orientar a los oyentes hacia una actitud existencial de empeño y esperanza ya que es Dios quien redime la historia. En el año 70 de nuestra era los ejércitos romanos entraron en Jerusalén destruyendo todo a su paso, suceso terrible para los judíos de aquella época que seis siglos antes, en el 586 antes de Cristo habían vivido la destrucción por manos de Nabucodonosor del esplendoroso templo construido por Salomón. Esos hechos terribles para ellos fueron leídos como signo de la caducidad de las instituciones y de los valores temporales. Con lenguaje más claro y positivo el discurso de Jesús es una invitación a la vigilancia y a la dignidad moral por la sencilla razón de que lo definitivo es el Reino de Dios que ya actúa entre nosotros, está presente entre nosotros y es Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia y de paz. Ése es el futuro hacia el que caminamos. En el Salmo responsorial que hoy domingo cantamos se dice que “El Señor llega para regir la tierra con justicia y los pueblos con rectitud”.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad