Te hago luz de las naciones

Junio 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Hoy que celebramos el nacimiento de Juan el Bautista, es la oportunidad para agradecer a Dios por quienes a lo largo de nuestra vida nos han ayudado a crecer como personas y como creyentes. Aquellos que, con seguridad, asumieron la misión de ayudar a otros a descubrir la inmensidad de la bondad y del amor de Dios y a integrarlos en su proyecto salvador.Este legado que se nos ha confiado, no podemos guardarlo para nosotros solos. ¡Cuánto nos falta por comprender la responsabilidad que tenemos de entregarlo a las nuevas generaciones! Hoy son muchos los padres de familia que han dejado de señalar con su dedo al cielo y, por eso, muchos niños y jóvenes viven perdidos en la incredulidad. Son muchos los profesionales de la comunicación que han dejado de ser referencia y altavoz de valores evangélicos y que los silencian, quizá, por temor a ser tachados de confesionales. Encontramos personas consagradas que parecieran tener miedo a predicar y a vivir con el mensaje del Evangelio y a ser signos claros ante una sociedad caprichosa y decadente.Juan el Bautista fue fiel a la misión que se le encomendó: preparar el camino al Mesías. Esto supuso el fin de sus intereses personales, dar paso a quien venía tras de él para que brillara quien era la luz verdadera. Comprendió que su vida debería estar al servicio no de un proyecto humano, sino de uno divino. Hoy nos corresponde a nosotros asumir el reto de gastar nuestra vida para que la sociedad, vuelva a impregnarse y a disfrutar de la presencia divina de Jesucristo. Para lograrlo, tenemos que acercarnos a Él, decidirnos a vivir como él vivió, para morir como él murió, para ser como él es: reflejo de la bondad de Dios.

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